Miércoles 16 de Marzo – Consecuencias de pecado – Matinal Jóvenes

La sabiduría es mejor que las armas de guerra, aunque un solo error destruye muchas cosas buenas (Eclesiastés 9: 18).

EZEQUÍAS FUE UNO DE LOS REYES ADMIRABLES que gobernó sobre Judá, ya que «hizo lo recto a los ojos del Señor, como antes lo había hecho David su padre […] puso su esperanza en el Señor […] pues siguió al Señor y no se apartó de él; al contrario, obedeció los mandamientos que el Señor le prescribió a Moisés» (2 Rey. 18:3,5-6).

Tristemente, su hijo Manasés no siguió su ejemplo, sino que «hizo lo malo a los ojos del Señor» (2 Rey. 21:2). ¿En qué consistió su maldad? Edificó los lugares altos que servían de culto idolátrico, construyó altares para Baal, adoró a los astros y levantó para ellos altares en los atrios del templo que Salomón había edificado para Dios. Ofrendó a sus hijos haciéndolos pasar por fuego, consultó los horóscopos, se rodeó de adivinos y hechiceros y levantó una imagen de Asera en el templo de Dios.

«Manasés derramó tanta sangre inocente que llenó a Jerusalén de cadáveres de un extremo al otro» (2 Rey. 21:16).

Al ver la obstinación malvada de este rey, Dios permitió que los sirios capturaran a Manasés y lo llevaran prisionero hasta Babilonia. Luego «en su angustia oró al Señor su Dios, y se humillo totalmente en la presencia del Dios de sus padres» (2 Crón. 33: 12). El Dios que lee los corazones vio la sinceridad del compungido rey y escuchó su oración, restaurándolo nuevamente como rey en Jerusalén.

Pero, aunque el arrepentimiento fue genuino y todo Judá vio la transformación que Dios realizó en Manasés, cientos de israelitas siguieron por la senda de la apostasía. Y esta es una gran verdad que se da en todas las órdenes de la vida. Hay daño producido por el pecado que no tiene solución y así ocurrió con los israelitas que fueron afectados por «las influencias corruptoras de los años que habían practicado la idolatría. Muchos habían tropezado y caído, para no volver a levantarse». Y, como el pecado perjudica a todos sin hacer distinción, hubo uno que su vida fue «amoldada sin remedio por la apostasía fatal de Manasés»; Amón, «su propio hijo» (Elena G. White, Profetas y reyes , p. 282).

¡Con razón Salomón, un antepasado de Manasés, observaron sobre el daño que ocasiona un pecador! Es por eso tan importante buscar a Dios diariamente, mostrando de reflejo el carácter de Jesús, para que su Espíritu nos impida ser arrastrados por el pecado y ser un mal ejemplo para otros.

Radio Adventista

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