Viernes 24 de Junio – Atalayas modernas – Devocional para Jóvenes

Es a ti, hijo de hombre, a quien yo he puesto como atalaya para el pueblo de Israel. Tú oirás de mí mismo la advertencia, y les advertirás para que se prevengan (Ezequiel 33:7).

UNO DE LOS GRANDES INVENTOS DEL SIGLO pasado fue la construcción del radar. Este objeto que utiliza ondas electromagnéticas ha permitido a las torres de control de los aeropuertos, a los sistemas de defensas de cada país, a los barcos y los aviones de guerra, detectar y localizar objetos o cualquier cosa para lo que están programados.

Si bien es posible en la antigüedad no existió un objeto tan sofisticado para dar información sobre peligros, el hombre obtuvo la atalaya como un medio de aviso previo. La atalaya consistía en una torre de altura elevada que en muchos casos se encontraba cercana a la puerta principal de la ciudad. Allí se colocaba a un hombre y su trabajo consistía en visualizar a la distancia a alguien que pudiera traer noticias oa algo que amenazara el bienestar de la población. A quién realizó este trabajo también se lo llamó «atalaya».

Según lo registrado el libro de Ezequiel, este profeta recibió por mandato divino el trabajo de ser una atalaya espiritual para el pueblo israelita: «Cuando yo le diga a algún impío que está en peligro de muerte, si tú no le adviertes que se aparte de su mal camino, el impío morirá por causa de su pecado, pero yo te haré responsable de su muerte. Por el contrario, si tú le adviertes al impío que se aparte de su mal camino, y éste no te hace caso, morirá por causa de su pecado, pero tú habrás puesto a salvo tu vida» (Eze. 33:8-9) .

Al igual que el profeta Ezequiel, los adventistas somos atalayas modernos que debemos advertir y amonestar a quienes viven en pecado. El conocimiento bíblico que poseemos, la congruencia que posee nuestra interpretación profética y la luz que Dios nos dejó a través de Elena G. White, son motivos suficientes para que seamos atalayas eficientes. Es verdad que algunos no nos escucharán o nos darán la espalda, pero habrá otros que aceptarán el mensaje de salvación, ya que el deseo de Dios no es «la muerte del impío, sino que este se aparte de su camino y viva» (vers. 11). Comienza este día comenzando tu voluntad al Espíritu divino, a fin de que te use como una atalaya eficaz.

Radio Adventista

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