Viernes 23 de Diciembre – Preucupaciones cotidianas – Matinal Jóvenes

Le llevaron unos niños, para que pusiera las manos sobre ellos y orara, pero los discípulos los reprendieron (Mateo 19: 13).

A LO LARGO DE MI MINISTERIO PASTORAL he visto la preocupación que sienten los padres por sus hijos y sus familias. En algunos casos, la inquietud nace por las amistades que rodean a los hijos, ya que estas, a veces, parecen tener más autoridad que los progenitores. En otros casos, los hijos no parecen interesarse en su futuro. Pasan los años escolares sin progreso y en el presente muestran que surgieron de sus padres toda la vida. También están aquellos hijos que sin responsabilidad sus años de adolescencia y juventud pasando su salud con vicios malsanos. Asimismo, algunos hijos parecen haber cortado todo hilo de comunicación con sus padres, y la falta de diálogo que manifiestan, los asemejan a desconocidos más que a personas de la misma sangre.

¿Cómo no preocuparse por la familia, cuando estas otras y posibilidades podrían darse cuenta con aquellos que amamos? ¿Cómo no sentir que la tarea fue en vano, cuando el trabajo de toda una vida parece no dar los resultados deseados?

con inquietudes de todo tipo, llegaron madres piadosas para ver a Jesús con sus pequeños en brazos. Conocían la responsabilidad que tenían al educar a sus hijos y deseaban que el Galileo intercediera ante Dios y les diera su bendición. Jesús nunca las rechazadas. Por el contrario, reprendió a sus discípulos por no mostrar cariño hacia ellas y «luego de poner las manos» (Mat. 19: 15) sobre los niños, los bendijo.

A través de Elena G. White, Dios anima y conforta a todo padre con preocupaciones, al decir: «Mora Dios en cada hogar; cada palabra que se pronuncia, escucha toda oración que se eleva, siente los pesares y los desengaños de cada alma, ve el trato que recibe cada padre, madre, hermana, amigo oye vecino. Cuida de nuestras necesidades, y para satisfacerlas, su amor y misericordia fluyen continuamente […] En su custodia podemos descansar seguros» ( Promesas para los últimos días , p. 57).

¡Qué reconfortante es saber que hay un Dios que vela y se interesa por nuestras familias! Al comenzar con tus actividades del día de hoy, realiza una oración de agradecimiento por el cuidado y la preocupación que el Señor siente por tu familia.

Radio Adventista

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