Viernes 1 de Abril – Testificación y fe – Matinal para Jóvenes

Un día, una joven israelita que las bandas de sirios habían hecho cautiva y la habían puesto al servicio de la esposa de Namán, le dijo a su señora: «Si mi señor acudiera al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra » (2 Reyes 5:2-3).

UNA DE LAS HISTORIAS MÁS ATRAPANTES que podemos encontrar en las Sagradas Escrituras es el milagro que Dios realizó en la vida de Naamán. Pero no será esta historia la que repasamos hoy, sino que analizaremos la obra misionera realizada por una cautiva niña hebrea.

Pocos años antes de este episodio, Siria había tenido guerra con Israel y había vencido. Como era lógico, el país vencedor exigía tributos y que se reparasen los daños sufridos en la guerra. Por tal razón, de tanto en tanto, salían grupos armados de soldados sirios que atacaban a los israelitas, los despojaban de sus bienes y los llevaban cautivos.

Fue así que una niña israelita, la cual desconocemos su nombre, llegó como esclava a las tierras sirias. Su trabajo fiel y esmerado le ganó la simpatía de la esposa de un alto funcionario sirio.

Conociendo la enfermedad de su amo, la niña cautiva se compadeció de él, y olvidando su condición de esclava y lejos de tener rencor, manifestó su fe en el profeta de Samaria. Aunque la Biblia no relata que Eliseo haya realizado algún milagro con leprosos antes de esta ocasión, esta niña conocía las maravillas que se habían realizado por mano del profeta, y teniendo la seguridad que solo tienen los que poseen fe, ofreció a su amo la posibilidad de restaurar su salud.

Evidentemente, esta niña provenía de un hogar de padres creyentes, que le habían enseñado los grandes hechos salvíficos realizados por el Dios de Israel, y aunque lejos de su hogar y de su patria, se animó a testificar ya tener la misma fe que si hubiera estado en su pais natal.

Testificación y fe, dos elementos sobre los cuales tiene que crecer nuestra vida espiritual. Con la testificación declaramos quién es nuestro Salvador, a qué grupo pertenecemos y para quién vivimos. Con la fe confirmamos nuestra testificación, creyendo en Aquel que no hemos visto, confiando que sus promesas serán una realidad en nuestra vida y teniendo la certeza de su salvación gratuita.

El Señor desea que nosotros, al igual que la niña cautiva, testifiquemos de su amor y confiemos en él, para que otros en este mundo puedan tener la sanidad de espíritu que solo Jesús puede dar.

Radio Adventista

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