La orden fue dada en cuanto tú comenzaste a orar, y yo he venido a explicarte todo, porque Dios te ama mucho. Así que entiende el orden y la visión (Daniel 9: 23).
«TE QUIERO MUCHO», era la frase cordial con que la abuela Clara, una mujer de unos 65 años de edad, saludaba a los hermanos de iglesia. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos recibieron el cariñoso saludo de Clara cada sábado y por respeto, devolvieron el saludo diciéndole: «Clarita, yo también te quiero». Durante mucho tiempo yo me uní al resto contestando igual, hasta que un día en su hogar le preguntó por qué le decía a todo el mundo que ella los quería. «Pastor, cuando me hice adventista, mi única hija me rechazó por completo —respondió con lágrimas en sus ojos—. No entendía el cambio que Jesús había obrado en mi corazón y me hizo decidir entre Jesús o ella. Yo decidí por mi Salvador. Luego de escuchar mi respuesta, llena de enojo me gritó que a mí jamás nadie me querría».
¿Tiene sentido que los que están a tu lado no te aman? Daniel sintió gran preocupación por su pueblo. Luego de observar las profecías de Jeremías que predecían la esclavitud israelita por 70 años, se entregó en oración para que Dios cumpliera la Escritura y su pueblo volviera a Jerusalén. En esa oración intercesora, el anciano profeta se unió a sus compatriotas haciéndose responsable de la servidumbre en tierras caldeas. Daniel, como lo hicieron los grandes hombres de Dios, intercedió a favor de los pecadores.
«La respuesta inicial de Dios a la ferviente oración de Daniel fue enviada a Gabriel. Gabriel trajo la respuesta de Dios al profeta […] Daniel era un guerrero veterano de Dios. Para ese entonces, tenía cerca de noventa años de edad. Uno puede pensar que alguien a esa edad ya no sería útil para Dios. Pero, al contrario, Daniel era aún “muy amado”. Esto debería alentar a quienes ya están en edad avanzada. Dios todavía toma en cuenta a los ancianos y cuida de ellos, El Señor los guarda en alta estima. ¡Nosotros somos grandemente amados por el Dios del universo!» (William Shea, Daniel: una guía para el estudioso , p. 147).
No importa la edad, la posición social o el país en que se viva; si buscara a Dios, el amor eterno de nuestro Padre se hara palpable en nuestra vida. Sí, ese mismo Dios que respondió la oración de Daniel, nos dice en este día a cada uno de nosotros: «Tú eres muy amado».




