Sabado 10 de Octubre – EFRAIM MCDOWELL – Devocion Matutina para Jovenes

Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. Efesios 3:20.

El Dr. Efraim McDowell viajaba a caballo por el desierto de Kentucky a principios del siglo XIX. Se dirigía a una cabaña del bosque donde lleva- ría a cabo su primera cirugía abdominal en 1809, hecho que le mereció un lugar en los anales de la historia médica. Ya que se lo consideraba el mejor cirujano del oeste de las Montañas Allegheny, fue llamado a Nashville por el Sr. Overton para que operara a su esposa de un tumor.

¿Por qué me ha hecho viajar tanto, si cualquier cirujano de Nashville podría haber practicado esta operación?

-¡Los considero carniceros a todos ellos! -exclamó el Sr. Overton-. No quiero que se le acerquen. Harían que se desangrara hasta morir.

-Pero necesitaré un médico asistente.

-Le he pedido a mi amigo y vecino, Andrew Jackson, que lo ayude.

Fue una intervención difícil, pero el neófito general siguió fielmente las instrucciones del médico. Cuando hubo terminado dijo:

-¡Prefiero abrirme paso ante una emboscada de indios, que servir como asistente en otra cirugía!

-¿Cuánto le debo? -preguntó el Sr. Overton mientras el Dr. McDowell empacaba sus efectos personales.

-Quinientos dólares.

-Los recibirá por correo dentro de una semana.

Transcurridos siete días, el Dr. McDowell recibió una carta del Sr. Overton dentro de la cual se encontraba un cheque por 1.500 dólares, tres veces la cantidad solicitada. De inmediato devolvió el cheque con una nota aclaratoria, en el sentido de que había un error.

Pronto recibió nuevamente el mismo cheque con una nota que decía lo siguiente:

-No fue un error. Ni siquiera con esta cantidad le podría pagar lo que hizo por mi esposa.

¿No te parece que Dios actúa de la misma manera? Sus bendiciones siempre exceden nuestras peticiones. Su bondad y generosidad van más allá de nuestra comprensión. ¡Lástima que le pedimos tan poquito! No hay absolutamente nada que podamos pedir a Dios y que no nos pueda conceder mucho más de lo que esperamos. Servimos a un Dios grande, un Dios rico, que puede “quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar”.

Radio Adventista

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