Lunes 11 de Julio – Como si Dios fuera visible – Matinal Jóvenes

El Señor está en su santo templo. ¡Qué calle delante de él toda la tierra! (Habacuc 2:20).

EN LOS TIEMPOS QUE ESTAMOS VIVIENDO impera la burla, la falta de respeto y la irreverencia. Actualmente no hay respeto por las personas mayores, ni por las autoridades civiles y mucho menos por las autoridades religiosas. Si bien nuestros padres no contaron el respeto riguroso que existieron en sus hogares mientras ellos eran pequeños, en nuestros días son los niños los que ponen las reglas y muchos adultos se someten servilmente a ellas.

Como las actividades de la iglesia y la gente que la componen no son una isla de la sociedad, mucha de esa irreverencia también se ve en los templos en los momentos de adoración. Conversaciones profanas, teléfonos celulares sonando estrepitosamente, risas, cuchicheos, niños consumiendo alimentos, adolescentes jugando con su celular e incluso diáconos que salen y entran al templo cada cinco minutos, son algunas actividades que he visto en los templos que me ha tocado pastorear.

¿Hace falta llamar la atención? ¿Es necesario recordar que el templo es la casa de Dios y que su Espíritu está presente, aunque no lo veamos? A ambas preguntas respondo: sí; entre todos debemos recordar que la reverencia y el respeto son necesarios cuando nos disponemos para adorar a Dios.

¿Por qué es necesario el silencio y la reverencia en la casa de Dios? «Cuando se habla la palabra, debemos recordar, hermanos, que estáis escuchando la voz de Dios por medio del siervo que es su delegado. Escuchad atentamente […] Satanás y sus ángeles están atareados creando una condición de parálisis de los sentidos, para que las recomendaciones, amonestaciones y reproches no sean oídos; y para que, si llegan a oírse, no produzcan efecto en el corazón ni reformen la vida. A veces un niñito puede atraer de tal manera la atención de los oyentes que la preciosa semilla no caiga en buen terreno ni lleve fruto» (Elena G. White, Joyas de los testimonios , t. 2, p. 195).

Llegará el día cuando este mundo será restaurado, nuestro cuerpo glorificado y Dios en persona se mostrará ante millones de redimidos que lo adorarán con reverencia, pero hasta que eso empiece, nosotros mismos tenemos que velar y trabajar para que haya respeto en la casa de Dios . Debemos educar la mente para adorar a Dios como si su presencia fuera visible. La próxima vez que te toque estar en la iglesia, recuerda el consejo de Habacuc «El Señor está en su santo templo. ¡Que calle delante de él toda la tierra! »

Radio Adventista

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