“A todos los que se lamentan en Israel les darán una corona de belleza en lugar de cenizas, una gozosa bendición en lugar de luto, una festiva alabanza en lugar de desesperación. Ellos, en su justicia, serán como grandes robles que el Señor ha plantado para su propia gloria” (Isaías 61:3, NTV).
Durante un viaje de negocios, Jennifer Christie fue atacada y violada por un hombre que la siguió hasta su hotel. Tres meses después, mientras trabajaba en un crucero como intérprete de lenguaje de señas, ella se enfermó de gastroenteritis. Como no mejoraba con el tratamiento regular, el personal médico del crucero le pidió que se hiciera una prueba de embarazo antes de recetarle un tratamiento más agresivo. “Yo había estado tan preocupada con la posibilidad de una enfermedad de transmisión sexual, que ni siquiera había considerado un embarazo. Mi marido se había hecho la vasectomía hacía años. Pero allí estaban las dos líneas azules: estaba embarazada”, me dijo Jennifer durante una entrevista telefónica. Al regresar a su casa, le comunicó las noticias a su marido y ambos decidieron que amarían a este bebé tanto como a sus otros hijos.
“Recibí mucha presión por parte de la comunidad médica y amigos bien intencionados para que abortara a mi bebé… [pero] mi marido y yo sentimos que había algo bello y luminoso que emergía del día más oscuro de mi vida”. El padre de Jennifer le dijo que si conservaba a su bebé, él no volvería a hablarle jamás. Desde su perspectiva, esto implicaba que ella no había sido violada, sino que había tenido una relación extramatrimonial. Pese a toda la presión y el trauma físico y emocional, Jennifer y su marido decidieron que iban a ahogar el ruido de las críticas “amando con más fuerzas”.
Jennifer dice que su hijo no le recuerda su violación, sino que el amor es más fuerte que el odio […] Él trajo sanidad a nuestra familia; es un recuerdo de nuestra fortaleza y tenacidad. Él es un nuevo comienzo”. Al concluir la entrevista, Jennifer me dijo una vez más que debemos amar duro: con más fuerzas que el miedo y con más fuerzas que el odio, especialmente cuando nuestra vida es una pila de ruinas quemadas. Amemos más duro, confiando que Dios nos redimirá y hará nacer belleza entre las cenizas.
Señor, lléname de tu Espíritu para que pueda amar más duro que el miedo y el dolor. Lléname de fe para creer que harás que la luz emerja de los momentos más oscuros de mi vida, que reedificarás mis ruinas y me darás una corona de belleza a cambio de mis cenizas. Amén.





