Jueves 13 de Julio – La pregunta que Eva no hizo – Matinal Adultos

«La serpiente […] le preguntó a la mujer: “¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?”. “Podemos comer del fruto de todos los árboles –respondió la mujer-. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán ‘”». Génesis 3: 1-3, NVI

DIOS LE HABÍA DICHO A ADÁN: «Si viene del árbol del conocimiento del bien y del mal, seguramente morirás» (ver Gén. 2: 16-17); pero la serpiente le dijo a Eva: «No morirás».

¿Cuál era el problema de fondo en esta «contradicción de señales» que la serpiente presentó a Eva? Según Clifford Goldstein, se trató de un asunto de autoridad. Basado en su propia autoridad, como Creador, Dios había ordenado no comer del árbol prohibido. La serpiente lo contradijo dando a entender, muy sutilmente, que la orden de Dios era egoísta, lo cual se destaca por el hecho de no querer compartir su conocimiento del bien y el mal.

Las palabras de la serpiente abandonaron a Eva con solo dos opciones: obedecer al Creador oa la criatura. Es aquí donde entra en juego el título de nuestra reflexión para hoy. La pregunta que Eva nunca hizo a la serpiente era: «¿Con qué autoridad hablas tú? ¿Con qué autoridad alega que, al comer del fruto prohibido, llegaremos a ser “como Dios, conocedores del bien y del mal”»? Por supuesto que la serpiente no tenía autoridad alguna; sin embargo, ajustar a Eva. ¿Por qué? Porque Eva excluyó a Dios de su decisión. Su caída comenzó, no cuando tomó del fruto prohibido, sino cuando ignoró a Dios como la autoridad suprema del universo.

¿Qué utilidad puede tener este hecho tan antiguo hoy, para ti y para mí? Mucho, porque cada día nos enfrentamos al mismo dilema de Adán y Eva: ¿Quién es la autoridad suprema de mi vida? Bien lo expresó Goldstein: «¿Seguimos al Señor y le permitimos que sea Dios? ¿O nos convertimos nosotros mismos en la autoridad definitiva y así llegamos a ser nuestros propios dioses?». *

Sea que estés enfrentado alguna fuerte tentación, o que tengas que tomar una decisión importante y no sepas qué hacer, «deja que Dios sea Dios»; es decir, coloca en sus manos el gobierno de tu vida. Él es tu Creador, y sabe mejor que nadie lo que más te conviene. Por otra parte, cuando la senda del deber no esté del todo clara para ti, recuerda las siguientes palabras: «Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás» (Patriarcas y profetas, cap. 3, p. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35).

Amado Jesús, hoy te invito para que seas la autoridad suprema en mi corazón. Quiero que seas, no solo mi Salvador, sino también mi Señor.

Radio Adventista

View all contributions by