Viernes 5 de Agosto – El mejor seguro de vida – Matinal para Jóvenes

La viuda de uno de los profetas presentó a Eliseo la siguiente súplica: «Mi esposo, siervo tuyo, ha muerto. Tú bien sabes que él era temeroso del Señor. Pero nuestro acreedor ha venido ahora y quiere llevarse a mis dos hijos para venderlos como esclavos» (2 Reyes 4: 1).

EN UNA OCASIÓN UNA MUJER QUE HABÍA QUEDADO VIUDA con sus dos hijos, tuvo que afrontar una deuda que su esposo le había dejado al morir. En la época de la monarquía israelita, la mujer no tenía gran valor social. Se la conocería de gran estimación cuando podía dar hijos varones, cuando tenía buen parecer o cuando tenía algún don especial. Pero la mujer por sí sola, sin un hombre a su lado, tenía muy poco valor.

Lo común era que, si alguien incurría en una deuda y luego no podía pagarla, el acreedor se hacía dueño de las propiedades del deudor. Pero si el deudor no tenía propiedades, tenía que ponerse al servicio de su acreedor para saldar la deuda con trabajo, y así se convertía en su esclavo. Esta mujer corría el mismo peligro, ya que la única propiedad que poseía era una tinaja de aceite. Fue entonces cuando pidió ayuda al profeta Eliseo.

Luego de escuchar su historia, el profeta le dio un plan para que el poder de Dios se manifieste y ella pudiera suplir sus necesidades. Debía buscar muchas vasijas vacías de sus vecinos, luego encerrada en su casa, debía volcar el aceite de la vasija llena sobre las tinajas vacías. Ella obedeció en todo, y al cabo de unas horas la viuda poseía muchas tinajas llenas de aceite. Cuando Eliseo lo supo le dijo: «Ve y vende el aceite, y págale a tu acreedor, y tú y tus hijos viven de lo que les quede» (2 Rey. 4: 7).

Ahora, piensa un momento, ella le dijo a Eliseo: tú sabes que tu siervo era temeroso del Señor. Esa fue la razon. Este hombre y padre de familia no había hecho aportes jubilatorios, no había pagado un seguro de vida ni tampoco tenía ahorros en algún banco. Pero lo que sí había hecho durante su vida fue manifestar una fe viva en Dios. Aunque la Biblia no da el nombre de este personaje secundario, todos: su esposa, sus hijos y hasta el profeta Eliseo, sabían que este hombre era temeroso del Señor. Ese fue el mejor seguro de vida que pudo dejarle a su familia.

De igual manera, Dios nos invita a depositar nuestros recursos en los bancos celestiales. Esa inversión será de gran bendición para nosotros y para nuestras familias, aunque no tengamos vida.

Radio Adventista

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