El Señor es un Dios celoso y vengador […] El Señor es lento para la ira, y su poder es impresionante. El Señor no tiene por inocente al culpable (Nahúm 1:2-3).
TODOS LOS HABITANTES DE ESTE MUNDO tenemos un sentido inherente de justicia. Lo traemos en nuestros genes. A nadie le gusta ser tratado injustamente o sufrir algún castigo por un delito que no cometió. Cuando la injusticia nos golpea, protestamos, gritamos y exigimos justicia.
Por vivir en este mundo de pecado, la justicia no siempre está presente.
Así pasó en tiempos de Nahúm y así ocurre ahora. Jorge Tasín es un teólogo que ejerce la docencia y tiene una amplia experiencia en ayuda social. Trabajo en centros de rehabilitación para drogadictos y colaboró en programas comunitarios en barrios pobres de Buenos Aires. A través de una narración desgarradora, Jorge Tasín cuenta las vivencias, injusticias y atropellos que experimentan los vecinos de una villa miseria: «Otra paradoja de esta sociedad que demoniza a los jóvenes pobres es que muchos de quienes deben evitar y reprimir el delito aparecen cotidianamente involucrados en el mismo. Los jóvenes no solo temen a la policía, sino que la desprecian, la satirizan y la odian, pues la padecen a diario. Padecen el arbitrario autoritarismo y la perniciosa inmoralidad de muchos de sus representantes. Policías que más que a menudo los humillan y los maltratan. La prevención del delito requiere la tarea urgente de recomponer un modelo social donde la impunidad sea realmente penada. Que no haya más privilegios ni distinciones, que no vayan presos solo los pobres, que la ley y la justicia, en la personificación de todos sus representantes, trate en igual medida y forma tanto a los pobres como a los ricos y poderosos» (La oculta, pp. 276-277).
Nínive había sido una ciudad poderosa por muchos siglos, pero su apogeo estaba por llegar a su fin. Nahúm fue el profeta que por el año 713 a. C., anunció su caída. Esa urbe que había escuchado la reprensión de Jonás, no permanecería por mucho tiempo, ya que Dios es «celoso y vengador», y el Juez de toda la tierra ya tenía para ella su sentencia
Igualmente, el Juez eterno entrará en juicio con todas las naciones de la tierra. Vivimos en tiempos cuando las ciudades del mundo se han vuelto como Nínive y los medios nos aturden con noticias de asesinatos, robos y tragedias. Pero, así como Nínive vio la poderosa mano del Juez, este mundo resultó el rigor del Dios «celoso y vengador». No te desanimes cuando seas víctima de una injusticia; procura con celeridad vivir como Jesús lo hizo y la inmortalidad será tu recompensa.




