Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano, pues he trabajado más que todos ellos, aunque no lo he hecho yo, sino la gracia de Dios que está conmigo (1 Corintios 15:10 ).
DESPUÉS DE SU CONVERSIÓN, EL APOSTOL PABLO tuvo una pesada carga que llevó a cabo el resto de su vida. Como fue perseguidor de los cristianos y no participó del ministerio terrenal de Jesús, algunos cristianos de su época menospreciaron su apostolado. En algunas de sus cartas Pablo reflejó su anhelo de que valoraran su trabajo y su ministerio; es posible notar que hizo defensa de su llamado, declarando: «En nada he sido menos que esos grandes apóstoles» (2 Cor. 12:11). Podemos deducir, que Pablo tomó como referencia a otros apóstoles (que eran tenidos por «grandes») y se comparaba con ellos para mostrar que su ministerio valía tanto como el de aquellos que habían trabajado al lado de Jesús.
Siguiendo con esa línea de comparación, el apóstol de los gentiles declaró que había «trabajado más que todos ellos», y esta osada sostenida, aunque puede parecer jactanciosa, muestra una gran verdad: ningún otro apóstol trabajó más por Jesús que Pablo. Su dedicación, el empeño puesto para convertir a sus compatriotas, sus agotadores viajes, su osadía para hablar con todo tipo de público, su amor por judíos y gentiles y su ministerio pastoral a pesar de la distancia, están bellamente ilustrados en las Escrituras.
Pablo trabajó incansablemente para que Jesús regresara, porque él sabía que la única preparación valedera para la segunda venida de Cristo, consistía en trabajar arduamente por él. En el contexto de la parábola de las ovejas y los cabritos (Mat. 25:31-46) el profesor George Knight explica: «La preparación para el regreso de Cristo no significa esperar pasivamente que se produzca el evento. La preparación es, más bien, una actividad responsable que produce resultados para el reino de los cielos, resultados que el Maestro puede ver y aprobar” (La visión apocalíptica y la neutralización del adventismo: ¿Estamos borrando nuestra relevancia?, p. 110) Cada una de las personas que se cerraron y cada una de las iglesias que fundaron, eran los resultados que Pablo deseaba que su Maestro pudiera aprobar al momento de su venida.
¿Estás trabajando para Cristo? ¿Te estás preparando para el encuentro glorioso dando lo mejor de tus talentos para alcanzar a otros? Jesús no espera que trabajes más que otros, sino que entregues lo mejor de ti para el evangelio. Pablo lo hizo, ¿estás dispuesto a hacerlo tú también?



