Viernes 12 de Agosto – Venciendo gigantes – Devocional para Jóvenes

Un descendiente de los gigantes, llamado Isbibenob, que portaba una lanza de bronce de más de treinta kilos y llevaba una espada nueva al cinto, trató de matar a David; pero Abisay hijo de Seruyá lo vio y fue en su ayuda (2 Samuel 21: 16-17).

LAS ESCRITURAS NARRAN LA GRAN VICTORIA QUE DAVID obtuvo sobre Goliat cuando era un joven. De manera más resumida, las Escrituras también mencionan a otros hombres, aquellos que pertenecieron al grupo de «los valientes de David», que lograron tremendas hazañas relacionadas con gigantes.

Isbibenob era un gigante filisteo cuya lanza de bronce pesaba treinta kilos y llevaba una espada nueva al cinto. David, que ya no tenía el vigor de la juventud, fue a la batalla, pero se cansó (2 Sam. 21: 15). Isbibenob notó el cansancio del rey y resultó de matarlo, pero Abisai llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. ¡Cuán agradecido debe haber estado David con Abisai! David se convirtió en una celebridad por matar a un gigante y su vida casi termina en las manos de otro.

Los hijos de Dios siempre experimentamos luchas en nuestra vida espiritual ya veces también enfrentamos gigantes. Para algunos está el gigante de rencor, ya que no pueden perdonar de corazón a quien le hizo daño. Otros enfrentan la lucha contra el gigante de la mentira, porque les cuesta decir la verdad. También están los que luchan contra el gigante de la impureza sexual, un gigante muy promocionado en los medios de comunicación. Y así podemos seguir nombrando al gigante del orgullo, de la hipocresía, del egoísmo, de la incredulidad, de la pereza espiritual, de los malos pensamientos… Creo que hay tantos gigantes como cristianos en el mundo.

Pero hay un gigante que nos es común a todos: El gigante del «yo». Ese gigante sí que es difícil de vencer. Ese gigante no se mata de una sola vez, ese gigante hay que derrotarlo diariamente, si no, al día siguiente otra vez quiere tener el control. Jim Hohnberger habla sobre esta batalla espiritual en primera persona al decir: «No es una sola muerte sino una muerte diaria a mi voluntad ya mis caminos. Esta muerte ocurre cuando permito voluntariamente la sustitución de la voluntad y mis caminos a la de otro (la de Dios), no importa cuán dolorosa sea esta sustitución para los anhelos y deseos. Solamente cuando escogemos voluntariamente renunciar al derecho de manejar el yo es que realmente llegamos a pertenecer a Dios» ( Escape a Dios , p. 126).

Estimado lector, nunca te des por vencido. Con el poder de Jesús a tu favor Vencerás todos los gigantes que se presentan en tu vida.

Radio Adventista

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