Miércoles 7 de Septiembre – Conocer para conocer – Matinal para Damas

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen” ( Juan 10:27, NTV ).

Imagina que vas a una confitería a encontrarte con una amiga. En cuanto abres la puerta, te inunda una ola de sonidos diferentes y mezclados: la gente charlando los mozos recogiendo los platos y despejando las mesas, y la música de fondo. Sin embargo, en cuanto tu amiga dice: “Aquí estoy!”, reconoce su voz inmediatamente. Aun si ella está sentada en una mesa en un rincón y no puedes vers. rostro para ti su voz es inconfundible. Reconoces porque la conoces; porque ella es tu amiga, porque ha pasado horas charlando acerca de todo: familia, receta: decisiones desafiantes, sueños para el futuro… Reconocer la voz de Dios no es para nada diferente. Sí, es cierto que hay pasos que puedes y debes dar, como hacer tiempo para orar y leer tu Biblia. experimentara Dios, “tú aprendes a reconocer la voz de Dios a través de una relación de amor íntimo que él ha iniciado”. Aprendemos a distinguir la voz de Dios entre la miríada de sonidos y ruidos que nos rodean cuando nos familiarizam.co con su carácter, con sus modismos, y con el amor que destilan sus palabras.

Una de mis mejores amigas es francesa. Cuando ella me ve y me saluda, lo hace con una inflexión de voz y una pronunciación única. Su “hola” es melódico y está cargado de un afecto entrañable y casi palpable. Podrían vendarme los ojos y hacer que mil mujeres diferentes me dijeran: “Hola”, y aun así la reconocería por su tono de voz y su ternura. ¡La clave para reconocer la voz de Dios es la misma! Se trata de pasar tiempo con él; lo reconocemos una fuerza de costumbre y de practica. No hay atajos ni pastillas mágicas. “Algunas personas intentan saltarse la relación. Algunas buscan señales milagrosas, o intentan depender de una fórmula. Sin embargo, nada puede sustituir una relación íntima con Dios agregan Blackaby y King. En otras palabras, para reconocer su voz, primero hay que conocerlo.

Señor, quiero conocerte y amarte más. Quiero estar continuamente en tu presencia, hasta que tu carácter y tu voz me sean completamente familiares. Quiero aprender a reconocer tus palabras, porque destilan amor y verdad.

Radio Adventista

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