Miércoles 4 de Mayo – Sabiduría e inteligencia espiritual – Matinal Jóvenes

La sabiduría y el poder son de Dios, y suya también la decisión inteligente (Job 12: 13).

LLEVABA MÁS DE UNA DÉCADA COMO ADVENTISTA, y aunque sus hijas no la acompañaban se perdió fiel en la asistencia a la iglesia y en los cargos que desempeñaba. Tenía más de cincuenta años de edad y llevaba doce años viuda, y parecía no importarle, ya que siempre se veía alegre y feliz.

Un hombre llegó a su hogar para hacer algunos arreglos de carpintería y con palabras seductoras le convendría matrimonio. Ella intentó frenar el avance. Le aclaró que era adventista y que no podría casarse con nadie que no tuviera las mismas creencias religiosas que ella. Él parecía interesado en la fe y comenzó los estudios bíblicos. Al cabo de un año y medio se bautizó y luego formaron el matrimonio.

Pasado algún tiempo, la rutina del hogar mostró lo que realmente había en el corazón de él. No le interesaba Dios, ni la iglesia, ni leer la Biblia. Era un hombre que le gustaba estar por las tardes con sus amigos en un bar, jugando a las cartas, tomando y los sábados sabía el televisor como lo haría en cualquier otro día.

Al visitarlos, ella me conto delante de él con lágrimas su desilusión, cuánto anhelaba tener un hogar que respetara el sábado, y al atravesar problemas serios con sus hijas, no vi las bendiciones de Dios por la infidelidad familiar. Mientras lloraba me preguntó: «Pastor, ¿cómo iba a saber yo que él estaba actuando, y que en realidad no le interesaba la vida cristiana? Todo lo que hizo fue mostrar una careta para que yo me casara, y luego se la sacó, y lo que ahora veo no me gusta».

Cuando Dios nos aconsejó: «No se unan con los incrédulos en yugo desigual» (2 Cor. 6: 14) lo hizo para evitarnos dolor, amarguras y tristezas. Ella había intentado ser fiel en este aspecto, pero se equivocó terriblemente al poner su vista y enamorarse de un hombre que no amaba a Dios. Poner la fe como condición para que haya un casamiento no es cumplir con el mandato bíblico. Cuando así se hace, se corre un gran riesgo, ya que es fácil aparentar algo que no se vive cuando se desea una conquista amorosa.

Nuestro Padre celestial puede darnos sabiduría e inteligencia para enfrentar cualquier situación de la vida; la elección del grado de cónyuge, en cualquier etapa de la vida, requiere un alto de sabiduría espiritual. Formar una familia es fácil, pero formar una familia que posea amor, paz y fidelidad a Dios, no es tan sencillo de lograr. Dios, que conoce nuestras limitaciones, está dispuesto a darnos su sabiduría para lograrlo.

Radio Adventista

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