Miércoles 3 de Agosto – Macedonia – Devocional para Damas

“Luego, Pablo y Silas viajaron por la región de Frigia y Galacia, porque el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia en ese tiempo” (Hech. 16:6, NTV).

Mi amiga Anne tiene uno de esos barriletes gigantes. Su familia se lo regaló para su cumpleaños. Hoy, aprovechando el sol y la brisa, fuimos a un parque a remontarlo. Realmente hace falta talento y fuerza de brazos para remontar una cometa de ese tamaño. Sin embargo, sobre todo, hace falta viento. Parece una obviedad, ¿verdad? ¡Pero es cierto! Tan pronto como el viento se detuvo, tuvimos que volver a casa. Por más talento y experiencia que uno tenga, nadie puede remontar un barrilete sin viento.

A veces hacemos planes y todo marcha bien. De pronto, sin embargo, el viento se detiene. Nuestros sueños, que segundos atrás alcanzaban nuevas alturas, se precipitan al suelo como un barrilete enredado. Entonces, podemos comenzar a dudar y preguntarnos si Dios realmente nos llamó, o si nos lo imaginamos. En momentos así, la historia de Pablo me ayuda mucho. En pleno viaje misionero, Pablo y Silas querían visitar Asia Menor (la actual Turquía), pero el Espíritu se los impidió. Aunque ellos querían hacer algo bueno —predicar el evangelio—, Dios no se los permitió. Las razones no aparecen en la Biblia; tal vez fuera un mal momento, o quizá Pablo y Silas no fueran las personas indicadas. Lo interesante es que Pablo aceptó ese cambio humildemente, sabiendo que Dios puede guiarnos abriendo puertas y también cerrándolas.

El pionero David Livingstone quería ir a la China, pero Dios lo envió a África. El misionero William Carey quería ir a la Polinesia, pero Dios lo envió a la India. El predicador Adoniram Judson fue a la India, pero Dios lo guió a Birmania. Dios nos guía al abrir y cerrar puertas a lo largo del camino. El plan de Pablo y de Silas era alcanzar las pequeñas ciudades de la región de Asia Menor, pero Dios los guió a Macedonia. ¡Dios quería evangelizar todo Europa! El cambio de planes implicó que Lucas pudiera sumarse al viaje (quien luego escribiría el libro de Hechos, compartiendo así esta poderosa historia con todos nosotros). Dios sabe lo que hace cuando dice: “No”. Cuando el viento del Espíritu Santo cambie de dirección, confía. El que nos llamó es fiel y digno.

Señor, confío en ti. Cuando mis planes no funcionen como yo esperaba, ayúdame a detenerme, a respirar profundo y a considerar si tú estás provocando el cambio. Si tú estás cerrando una puerta para abrir otra mejor, ayúdame a rendirme a tu voluntad. No quiero perder tiempo y energías tratando de forzar un cerrojo. Confío en ti. Guíame de acuerdo con tu voluntad.

Radio Adventista

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