Miércoles 27 de Julio – El fin de los demonios – Matinal Jóvenes

¡Ya viene el día, candente como un horno! En ese día, todos los soberbios y todos los malhechores serán como estopa, y serán consumidos hasta las raíces. ¡No quedarán de ellos ni una rama! Lo digo yo, el Señor de los ejércitos (Malaquías 4:1).

CUANDO NACIÓ FUE LA ALEGRÍA DEL HOGAR. Primera hija, primera sobrina y primera nieta; recibido todo tipo de atenciones y regalos. Era hermosa. Su pelo ondeado color castaño y sus ojos azules llamaban la atención de familiares y desconocidos que veían en esa carita angelical la expresión de la inocencia.

Con algo más de dos años contrajo meningitis y su corta vida termino. No había palabras para consolar a los deudos que no encontraron una razón para que esa pequeña criatura dejara de vivir. Su madre parecía que no soportaría el terrible golpe y debería buscar espiritual y profesionalmente para dejar de sufrir continuos ataques de pánico.

Así como lo ilustra la vida de Job, mucho del dolor y la angustia que sufrimos en este mundo son producidos por el diablo y sus demonios. En muchas ocasiones cuando un hijo de Dios está tocado por la desgracia, cuando un inocente debe sufrir sin motivo, hay detrás un ser espiritual demoníaco actuante con crueldad. Ya Jesús había anticipado la obra malvada del enemigo al decir que su propósito es «hurtar, matar y destruir» (Juan 10:10).

Pero esa obra maléfica que hoy nos acompaña no existirá para siempre. Las Escrituras descorren el telón del futuro y nos muestran a un Dios poderoso que juzgará las acciones de esos seres espirituales de maldad y que terminará con su existencia. Jesús, a través de la parábola del juicio a las naciones, muestra el terrible final de las huestes del mal al decir: «¡Apártense de mí, malditos! ¡Vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles!» (Mateo 25:41). Sí, hay un fuego de consecuencias eternas que terminará con Satanás, los demonios y todo vestigio de pecado.

Hablando de ese mismo momento, Malaquías nos predice: «¡Ya viene el día, candente como un horno! En ese día, todos los soberbios y todos los malhechores serán como estopa». Así como la estopa arde con facilidad en la llama, de igual manera aquellos ángeles que abandonaron su inocencia celestial y se unieron en rebelión contra Dios, serán exterminados y Dios no les dejará «ni una rama».

¡Qué reconfortante es saber que un día el mal no existirá! Nuestro Dios, que a través de su Palabra no dio este conocimiento, espera cada día que nos unamos bajo su bandera hasta que nos dé la redención glorificada.

Radio Adventista

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