Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón (Mateo 6:21).
EL SEGUNDO DISTRITO QUE ME TOCÓ PASTOREAR fue un verdadero desafío en el área edilicia porque las cinco iglesias que lo formaban tenían algo para construir. Así fue que me encontré con el proyecto de levantar la nave de un templo, seis aulas para las divisiones de Escuela Sabática de niños en otra iglesia, un salón de jóvenes para otra, dos aulas para Dorcas y el Club de Conquistadores en la cuarta iglesia y techar el templo y terminar con los baños y la cocina en la última iglesia.
Siguiendo el consejo de un pastor con experiencia, formé el Consejo Distrital y allí votamos recolectar cinco ofrendas especiales por año, para cada una de las iglesias. Incentivamos a la dadivosidad mirando más allá de las necesidades propias y oramos para que Dios bendiga el proyecto de cada iglesia.
Así como Jesús enseñará que dónde está nuestro tesoro , allí estará también nuestro corazón , los hermanos de ese distrito demostraron con hechos que su corazón latía por la obra de Dios, ya que todos contribuyeron con sus tesoros para los proyectos de todas las iglesias. En cuatro años de dadivosidad sistemática, se techó completamente un templo, se terminaron las seis aulas para niños, se levantaron las paredes de un templo, se edificaron y se techaron las aulas para ASA y el Club de Conquistadores y se construyó el salón para jóvenes .
Todavía recuerdo el culto especial que estuvimos en cada iglesia para agradecerle a Dios por los logros que llegaron de su mano.
Cuando pienso en el egoísmo de la gente que no conoce a Dios, porque sus tesoros (talentos, bienes económicos y tiempo) contribuyen para engrandecerse a sí mismos, veo que también hay otro grupo de personas que, como dijo Jesús, están haciendo sus « tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde ladrones no minan ni hurtan» (Mat. 6:20). Y en tu caso, ¿en dónde estás almacenando tus tesoros? ¿Tienes una cuenta de ahorro en el banco celestial? ¿Estás colaborando con tu iglesia y con la obra de Dios?
Nuestros pensamientos y sentimientos (nuestro corazón) siempre están pendientes de lo que consideramos valiosos (nuestros tesoros), y es aquí donde Jesús nos invita a darle verdadero valor a lo que no se ve, a lo eterno: nuestra salvación. «Porque ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si perdiere su alma? ¿O qué puede dar uno a cambio de su alma?» (Mateo 16:26). Solo en la eternidad se verán los resultados de haber hecho una excelente inversión en el banco celestial.





