Martes 2 de Noviembre – Un lugar especial – Devocional para Adultos

«Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezron, Hezron engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón, Salmon engendró a Booz, y Booz engendró a Obed, Obed engendró a Isaí , e Isaí engendró a David». Rut 4: 18-22

SUPONGO QUE NUESTRO TEXTO PARA LA REFLEXIÓN de hoy no es el favorito de ningún lector de las Escrituras. Sin embargo, es como el terreno donde sin buscarlo, un hombre consigue un tesoro escondido. Algo así como lo que le sucedió a Charles Handy, el conocido autor irlandés, cuando vio el árbol genealógico de su familia.

Cuenta Handy que su padre, poco antes de morir, le entregó un sobre que decía «Documentos de la familia». Cuando abrió el sobre, vio ahí una relación detallada de sus antepasados: quién se llevó con quién, los hijos que nacieron de cada unión… Leyó, por ejemplo, de Samuel y Ethelreda, y pensó: «¡Qué triste que la vida termine apenas como un nombre en un árbol genealógico!». *

Entonces, cuenta él, algo interesante sucedió. La lectura del árbol genealógico de la familia le recordó los últimos versículos del libro de Rut. De inmediato se dio cuenta de la gran verdad que tenía ante sus ojos: «De no haber sido por esos antepasados ​​-Fares, Hezrón, Ram, Aminadab, Naasón… – el gran rey David no habría nacido», pensó. Y, por supuesto, si no hubiera sido por Samuel, Ethelreda, y todos los demás antepasados ​​en su familia, él mismo no hubiera nacido.

Handy había descubierto «un tesoro». Razonó que, quizás, su propósito en la vida es simplemente llegar a ser el antepasado de alguien importante, aunque él mismo no lo sea. Pensó, además, que el hecho de no ser alguien importante no le impidió a él hacer una contribución significativa a la humanidad.

Lo que Charles Handy entendió ese día es que no habrá vivido en vano si al menos logra dejar este mundo un poquito mejor para sus descendientes. Y aunque seguramente terminará sus días, «en un árbol genealógico», lo consuela pensará que — ¡quién sabe! —quizás pueda aparecer en la línea de sus descendientes «un moderno rey David»; ¡cosa que no hubiera sido posible, si él, Charles Handy, no hubiera existido! **

Hay aquí una preciosa lección para ti y para mí. Aunque tal vez no te haya dado cuenta; y aunque los periódicos no lo hayan publicado, ¡hay cosas buenas que han ocurrido en este mundo gracias a ti! Alrededor de ti hay gente que lo ha notado, y aprecia lo que ha hecho. Sobre todo, Dios lo ha notado, y un día recibirán tu recompensa, para la gloria de su nombre.

Gracias, Padre celestial, porque no nací «por accidente». Así como hay un lugar especial donde he de testificar para ti, también hay un lugar especial para mí en la Patria celestial.

Radio Adventista

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