Martes 15 de Febrero – Este no es mi plato – Matinal para Damas 2022

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperan para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Rom. 8:28, NTV).

Años atrás, en una de mis primeras citas con Nigel, la camarera confundió nuestros pedidos. Ella le atribuye a Nigel mi plato ya mí el suyo. “Me parece que tienes mi plato”, le dije a Nigel, tratando de no sonar muy alarmada, porque recién nos conocíamos. “No, esto fue lo que yo pedí”, me contesto sonriente, y comenzó a comer tranquilamente. Miré el plato que tenía enfrente de mí con desdén; era básicamente una ensalada. Aunque soy vegetariana, jamás pediría una ensalada en un restaurante. ¡Me parece un desperdicio de dinero! Debo confesar que pasé la mayor parte de la velada sintiendo envidia gastronómica y pensando: Esto no es lo que yo pedí.

A veces, Dios nos da algo diferente de lo que pedimos en oración. Doquiera, vemos a colegas y amigas recibir exactamente lo que nosotras queríamos: un excelente trabajo, un marido trabajador, hijos sanos. Mientras que otras mujeres se sientan a disfrutar de un suculento plato de bendiciones, pareciera que nosotras debemos conformarnos con la ensalada. En momentos así, tenemos dos opciones: envidiar o confiar. En El ministerio de curación , Elena de White nos recuerda: “Dejad que Dios haga planes para vosotros. […] Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos elegirían, si pudieran ver el fin desde el principio y discernir la gloria del designio que cumplen como colaboradores con Dios” (p. 380).

Un día, mientras Pedro y Juan iban al Templo a orar, se encontraron con un hombre cojo. Sin conocer el poder del Espíritu Santo que moraba en los discípulos, el hombre les pidió tan solo unas monedas. Gracias a la misericordia de Dios, el mendigo cojo recibio algo muy diferente. Pedro le dijo: “No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hech. 3:6). Inmediatamente, este hombre cojo de nacimiento se puso de pie, ya los saltos comenzaron a alabar a Dios.

Si hoy te toca comer un plato diferente del que ordenaste, elige confiar. No hay evento, por malo que sea, ni circunstancia, por difícil que sea, que Dios no pueda reciclar para tu bien.

Señor, cuando las cosas no salen como yo esperaba, ayúdame a confiar en ti. Aun cuando no pueda discernir la gloria de tus propósitos, ayúdame a creer que me amas y que jamás me abandonarás. ¡Tú haces que todas las cosas cooperen para mi bien! Amén.

Radio Adventista

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