Todavía agregó el filisteo: «En este día, yo desafío al ejército israelita. Que venga uno de sus guerreros y pelee contra mi» (1 Samuel 17: 10).
LA HISTORIA HUMANA REGISTRA NUMEROSOS CASOS DE HOMBRES que confían en sus propias fuerzas por encima de todo. Los pretorianos, una comunidad de soldados romanos de élite, fueron por siglos temidos y odiados por su poderío de guerra. «En el 27 a. C., Augusto creó su propia guardia personal, la guardia pretoriana […] Eran tropas privilegiadas, pues recibieron un salario que triplicaba el de los otros soldados y su alistamiento era por dieciséis años en lugar de veinte […] Fueron quienes, tras haber obtenido en el asesinato de Calígula, aclamaron a Claudio y la guardia imperial fueron siempre en el centro de complejas vicisitudes que siguieron a la muerte de Cómodo» (Ada Gabucci, Grandes civilizaciones: Roma , p. 68).
Si el filisteo Goliat hubiera vivido en tiempos de los romanos, probablemente hubiera formado parte de este cuerpo privilegiado de soldados. Sus tres metros de altura, los 55 kilos de la armadura que protegía su cuerpo, su tremenda espada y una lanza con punta de hierro que pesaba más de 7 kilos, lo hicieron sintiéndose sumamente confiado al desafiar a Israel. Su enorme figura y sus palabras altaneras provocaron tal desaliento en los israelitas, que la Biblia añade que todos se quedaron «atónitos y se llenaron de miedo» (1 Sam. 17: 11).
El gran problema con Goliat y que también tuvo la guardia pretoriana, es que olvidaron o ignoraron que es Dios el que da «el reino, el poder, la fuerza y la majestad» (Dan. 2:37). Así como Dios sacó a David para derrotar a un hombre que parecía invencible, fue Septimio Severo quien licenció a los pretorianos «al llegar a Roma y los sus constituidos por militares extranjeros reclutados en las regiones de lliria. Constantino disolvió definitivamente el cuerpo de pretorianos en el 312» ( Ibíd ).
En tu caso, ¿confías en tu capacidad, inteligencia, astucia o fuerza, o dependes de Dios en todo lo que haces? ¿Eres de las personas que con arrogancia creen que todo lo pueden, o con humildad te expresas: «¿Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello?» (Sant. 4: 15)
El Señor te invita en este día a que confías plenamente en su poder, porque si lo haces, tu vida estará llena de grandes victorias. La crianza de tus hijos, tu relación matrimonial, los emprendimientos laborales y cualquier proyecto que realices, muestra que eres un triunfador porque el Todopoderoso estará a tu lado. Acepta la invitación del Señor y confía en él.



