Jueves 4 de Agosto – Fidelidad en todo lugar – Devocional Jóvenes

Mi señor y rey, todo lo que estos hombres han hecho con el profeta Jeremías está muy mal. Lo han echado en la cisterna, y allí se morirá de hambre, pues ya no hay pan en la ciudad (Jeremías 38: 9).

MUY POCOS APRECIABAN A JEREMÍAS y el mensaje de juicio que Dios enviaba a Israel. Nadie parecía escuchar que el pecado, la rebelión y la idolatría habían alejado la seguridad que Dios otorgaba a Jerusalén. Los caldeos eran la vara que el gran Juez estaba utilizando para corregir a su pueblo y desde hacia meses sus numerosas tropas estaban rodeadas a Jerusalén.

Altos funcionarios se acercaron al rey Sedequías y le pidieron autorización para llamar la voz condenatoria, y luego de tener el permiso real, Jeremías fue arrojado en una cisterna llena de barro. No querían derramar la sangre del profeta, pero se proponían dejarlo allí para que muriera de hambre.

Ebed-melec, un extranjero nacido en Etiopía que trabajó en la corte del rey Sedequías, confiaba en Dios y creía en los mensajes dados por Jeremías. Viendo lo que habían hecho con el profeta, se acercó al rey con mucha cautela y le dijo: «Mi señor y rey, todo lo que estos hombres han hecho con el profeta Jeremías está muy mal. Lo han echado en la cisterna, y allí se morirá de hambre, pues ya no hay pan en la ciudad». Como Sedequías era un hombre de carácter fluctuante, le permitió a Ebed-melec que sacara al profeta de la cisterna y de esa manera le salvara la vida.

Al igual que Ebed-melec, todos los hijos de Dios estamos llamados a trabajar con fidelidad y obediencia en el lugar que nos encontramos. En el hogar, la iglesia, el trabajo o la universidad hacen falta hombres y mujeres piadosos que se jueguen por los principios cristianos, aunque haya oposición como la hubo en tiempos de Jeremías.

Así como Ebed-melec tomó parte de la justicia y fue de bendición para Jeremías, nosotros también podemos ser de bendición para nuestros semejantes. «El verdadero valor de los hombres que ocupan cargos de responsabilidad se manifiesta cuando tienen una experiencia diaria con las cosas de Dios» (Elena G. White, Testimonios para los ministros , p. 285).

El libro de Jeremías cuenta que cuando las tropas caldeas invadieron Jerusalén, Dios cuido de Ebed-melec así como él lo hizo con el profeta (Jer. 39: 15-18). ¡Qué Dios maravilloso tenemos! Así como cuido de este buen siervo, el Señor también cuidará a sus hijos obedientes que trabajan con fidelidad en el lugar que él les designó.

Radio Adventista

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