Jueves 27 de Octubre – El se deja encontrar – Matinal Adultos

«El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo», Mateo 13:44

¿QUÉ TIENE QUE VER UN TESORO oculto con el reino de los cielos? Una simple vista, nada; sin embargo…

La parábola del tesoro escondido refleja la experiencia de quienes han descubierto el tesoro del evangelio. Veamos por qué. Lo primero que salta a la vista en la parábola es el hecho de que el hombre que consigue el tesoro no lo está buscando; pero este hecho no impide que de inmediato perciba su gran valor. Por eso vende todo lo que tiene con tal de adquirirlo.

Lo segundo es que, aunque la parábola no da los detalles, es fácil suponer que cuando el hombre revela sus planos, se enfrenta a una fuerte oposición: «Su familia y sus vecinos piensan que proceden como un loco. No ven valor alguno en ese terreno descuidado. Pero el hombre sabe lo que hace» (Palabras de vida del gran Maestro, cap. 8, pp. 75-76).

Todavía un tercer detalle: el hombre que encuentra el tesoro, no solo sacrifica todo cuanto tiene, sino que además lo hace «gozoso». En lugar de temor o incertidumbre, hay gozo en su corazón.

¿Vemos ahora por qué el reino de los cielos es «semejante a un tesoro escondido»? «El evangelio es el tesoro» (ibíd., p. 76). Un tesoro que permanece escondido para quienes son sabios en su propia opinión, pero que revela su hermosura a quienes no consideran «ningún sacrificio demasiado caro para ganar los tesoros de la verdad» (ibíd.). Algo así como lo que sucedió a Wilfred Grenfell.

Wilfred, un joven médico radicado en Londres, regresóba un día a su casa cuando a la distancia vio una gran carpa. Por curiosidad, se acercó al lugar. Era un ciclo evangelístico dirigido por Dwight L. Moody. Wilfred no esperaba quedarse, pero entonces sucedió algo gracioso. Como la persona que estaba orando demoraba mucho en terminar, Moody se puso de pie y dijo: «Amigos, vamos a cantar un himno mientras nuestro hermano termina de orar». La ocurrencia hizo que Grenfell permaneciera hasta el final. Luego asiste al siguiente programa, y ​​al siguiente…

Sin buscarlo, Wilfred Grenfell había encontrado un precioso tesoro. Posteriormente, aceptaría a Cristo como su Salvador y, gozoso por ello, «vendería todo» para servirle. Según escriben Ron y Dorothy Watts, durante unos cuarenta años suplió las necesidades médicas de la gente en Terranova y Labrador (Canadá); «fundó cinco hospitales y siete puestos de enfermería; abrió orfelinatos, iglesias y escuelas. Mejoró las condiciones de vida de los esquimales, nativos y blancos en general». *

¡Y pensar que todo empezó cuando encontré un tesoro que no estaba buscando! ¿O sería que «el Tesoro» lo encontró a él?

Gracias, precioso Jesús, porque eres mi mayor tesoro; y gracias por ese bendito día cuando, sin buscarte, te encontré.

Radio Adventista

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