Domingo 7 de Agosto – Obediencia a un antepasado – Matinal Jóvenes

A la familia de los recabitas, Jeremías: «Así ha dicho el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Puesto que ustedes obedecieron al mandamiento de Jonadab, su padre […] yo, el Señor de los ejércitos y Dios de Israel, declara que siempre estará en mi presencia un descendiente de Jonadab hijo de Recab (Jeremías 35: 18-19).

LOS EJÉRCITOS CALDEOS HABÍAN LLEGADO A LAS TIERRAS DE JUDEA y de todas las inmediaciones, grandes multitudes habían acudido a esconderse detrás de los muros de Jerusalén. Los descendientes de Jonadab hijo de Recab fueron algunos de los que se introdujeron en la ciudad para salvar sus vidas, pero allí, en medio del pueblo escogido, fueron un ejemplo vivo de obediencia.

Por mandato de Dios, Jeremías invitó a las familias de los recabitas a una de las dependencias del templo. Una vez allí, se atribuyen tazones con vino, «y los invitan a beber» (Jer. 35, 5). Pero los recabitas le contestaron: «Nosotros no bebemos vino, porque nuestro padre, Jonadab hijo de Recab, nos seguramente que jamás bebiéramos vino, ni nosotros ni nuestros hijos […] Nosotros hemos obedecido las órdenes de nuestro padre [… ] Nunca tampoco hemos bebido vino, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos e hijas» (vers. 6,8). ¡Qué ejemplo de obediencia! Una generación tras otra de recabitas había mantenido en alto la ley de su antepasado y aunque tenían la posibilidad de seguir un camino diferente, ya que Jonadab había muerto, aun así, perseveraron en vivir como él les había enseñado.

Dios puso a los recabitas como ejemplo de obediencia para los hijos de Israel y les prometió: «Siempre estará en mi presencia un descendiente de Jonadab hijo de Recab». Sin quererlo, las recabitas agradaron al Padre eterno por la obediencia al mandato de un ascendiente.

«Como pueblo corremos el peligro de separamos del sol de Justicia. Debemos santificarnos a Dios mediante la obediencia a la verdad. Nuestra conciencia debe ser purificada de obras muertas a fin de servir al Dios viviente. La santificación significa amor perfecto, obediencia perfecta, conformidad plena con la voluntad de Dios» (Elena G. White, Alza tus ojos , p. 97).

En este tiempo también podemos ser como las recabitas: vivir en obediencia a los requisitos de Dios en medio de una sociedad que no sabe obedecer.

Radio Adventista

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