Les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que han visto irse al cielo, vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer» (Hechos 1: 11).
¿TE HA SEPARADO ALGUNA VEZ DE UNA PERSONA QUE AMAS? ¿Notaste cómo duele y ansiedad se siente? La primera vez que experimenté el dolor por una separación fue cuando con 15 años dejé mi hogar para ir a estudiar interno a un colegio adventista. El colegio quedó a más de 1200 kms de mi hogar, así que las visitas para ver a mi familia eran cada tres o cuatro meses. ¡Cuánto deseaba volver a encontrarlos! Extrañaba las conversaciones familiares luego del almuerzo, comidas típicas hechas por mi madre, algunos juegos de mesa que compartiríamos con mi padre, reírnos y hablar de todo con mis hermanos. ¡Cuánta emoción y alegría sentí cuando terminó el período escolar y pudo regresar a mi hogar!
Las Escrituras no cuentan los sentimientos que invadieron a los discípulos en el momento de la despedida de su Maestro, pero después de haber compartido la vida con él por tres años y medio, tienen que haber sentido un vacío tremendo. Al ver que Jesús se elevaba y ya no estaría más a su lado, debe haber provocado algún tipo de angustia. ¡Cuánto habrán deseado ver cumplida la promesa: «Vendré otra vez» (Juan 14:3)! Para confortarlos, dos ángeles estaban con ellos y les aseguraron: «Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que han visto irse al cielo, vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer».
Expresando sus propios sentimientos y deseos de encontrarse con nuestro Jesús, Elena G. White nos anima: «Por largo tiempo hemos guardado el retorno de Salvador. Sin embargo, su promesa es segura. Pronto estaremos en nuestro hogar prometido. Allí Jesús nos conducirá junto a la corriente viva que fluye del trono de Dios, y nos explicará las oscuras providencias por las cuales nos condujo en esta tierra a fin de perfeccionar nuestros caracteres. Allí contemplaremos, con clara visión, las hermosuras del Edén restaurado. Arrojando a los pies de nuestro Redentor las coronas que él habrá puesto sobre nuestras cabezas, y presionando nuestras arpas de oro, llenaremos todo el cielo con alabanzas a Aquel que se sienta en el trono» (La segunda venida y el cielo, p. 256 ).
Los apóstoles esperaron con vehemencia el cumplimiento de la promesa. Elena White y los pioneros adventistas trabajaron arduamente para que Jesús regrese. Y en tu caso, ¿te estás preparando? ¿Estás ansiosa de encontrarte con tu Salvador?



