Domingo 11 de Diciembre – Evitando juzgar a otros – Matinal Jóvenes

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo? (Mateo 7:3).

UN PADRE QUE DESEABA ACLARAR UNA SITUACIÓN FAMILIAR pidió que se realizara una junta de iglesia. En ella les expuso a los líderes el pecado de fornicación que su hijo había estado practicando con su novia. Tristemente los resultados eran evidentes, ya que había un embarazo de por medio. Con dolor contó cómo se sintió en ese momento de vida familiar y que no hubo razones para explicar por qué su hijo no había sido obediente a los consejos bíblicos. Luego, mirando a los hermanos de la junta de iglesia, les rogó que trataran a su hijo con amor, para que este no se fuera de la iglesia.

Un hermano que estaba presente le respondió: «Puedes quedarte tranquilo. No trataremos a tu hijo ni a su novia como tú me trataste a mí hace 8 años». Un silencio incómodo se instaló por algunos momentos entre los miembros de la junta. Ocho años antes, el joven hermano que había respondido había sido disciplinado por el mismo pecado. En esa ocasión, algunos hermanos de la iglesia lo habían tratado insensiblemente, y el padre presente había sido uno de ellos.

Aunque las Escrituras nos advierten que no debemos juzgar a nuestros semejantes, muchos creen que no es necesario aplicar este requerimiento divino. ¿Por qué será que los seres humanos somos tan propensos a condenar, criticar y juzgar a nuestros semejantes? ¿Por qué deseamos misericordia hacia nuestros errores, cuando muchas veces fuimos inflexibles hacia los errores de los demás? ¿Es que no vemos que cada vez que juzgamos a otros nos condenamos a nosotros mismos?

Cuando una persona se apresura a señalar en otra alguna falla en el carácter o en la vida, «Jesús declara que el rasgo de carácter que se fomenta por aquella obra tan opuesta a su ejemplo resulta, al compararse con la imperfección que se critica, como , una viga al lado de una paja. La falta de longanimidad y de amor mueve a esa persona a convertir un átomo en un mundo […] Desfiguran el espíritu amable y cortés del Evangelio y hieren las almas preciosas por las cuales murió Cristo. Según la figura empleada por el Salvador, el que se complace en un espíritu de crítica es más culpable que aquel a quien acusa; porque no solamente comete el mismo pecado, sino que le añade engreimiento y murmuración» (Elena G. White, El discurso maestro de Jesucristo , pp. 106-107).

Con la ayuda de Cristo no dejes que tus labios pequen juzgando a otros.

Radio Adventista

View all contributions by