Viernes 8 de Enero – 1°parte – Estén siempre Alegres – Matinal para Damas 2021

«Llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito». (Filipenses 2: 2)

TE PROPONGO INICIAR hoy una serie de cinco reflexiones basadas en 1 Tesalonicenses 5: 16-22, que dice así: «l) Estén siempre alegres, 2) I oren sin cesar, 3) den gracias a Dios en toda situación, […] 4) sométanlo todo a prueba, […] 5) eviten toda clase de mal». Empecemos por la primera parte: «Estén siempre alegres» (NVI).

Estar siempre alegres parece imposible. Sin embargo, es un pedido de Dios, y él nunca nos pediría nada que no esté a nuestro alcance. Lo que lo hace parecer imposible es nuestro concepto de la alegría. Entendida como una emoción basada en el placer, claro que es un pedido inalcanzable. Sin embargo, la alegría va más allá de eso.

La alegría a la que se refiere Dios es el estado que alcanzamos cuando vivimos en armonía con él, con nosotras mismas y con el prójimo, y es ajena a las circunstancias que nos rodean. La alegría se asemeja a una planta que se cultiva día a día con cuidado y voluntad; es una decisión firme de restar lo negativo y sumar lo positivo; es pasar del ego al altruismo. El terreno para cultivar la alegría somos tú y yo, así como las relaciones con la familia, los amigos, y las personas que llegan y se van de nuestra vida en el trajín cotidiano.

Comienza estando alegre contigo, con lo que eres, lo que haces y tienes. Si alguno de estos aspectos de tu vida se puede mejorar, atrévete a intentarlo: sueña con lo que es posible y muévete a la acción. Por otro lado, la alegría no se vive a solas; al experimentarla, te encontrarás con personas que vienen, otras que se van y muchas tantas que se quedan. Tal vez tú esperas que los que se quedan se vayan, y que los que se van se queden. Al aceptar que no ocurre así, abres la puerta a la flexibilidad mental, que es un principio básico para lograr estar alegres de una manera permanente. Entonces te será posible hacer tuyo el pedido del apóstol: «Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!» (Fil. 4: 4).

Cultiva tu alegría cooperando con la voluntad de Dios; entusiásmate frente a los desafíos; ve lo bueno que hay en ti y en los demás; desarrolla el buen humor; ponle sabor a lo desabrido; sé precavida pero no miedosa. El mundo está lleno de alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas.

Radio Adventista

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