Viernes 3 de Septiembre – Los endemoniados gadarenos – Matinal Jóvenes 2021

“–Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Lucas 8:39, NVI).

La piel estaba herida, el pelo desordenado, los ojos endemoniados, la lengua poseída. Nada de lo que quisieran hacer valía algo, si alguien más gobernaba su voluntad. Pero en Jesús vieron a alguien que los podía salvar.

El espectáculo era aterrador y triste, típico de un paisaje pintado por el enemigo ensañado con la creación de Dios.

No sabemos si lograban dormir, si podían comer. Solo sabemos que en esa región valían menos que los cerdos.

¡Cuántas veces tratamos a otras personas como si valieran menos que un animal! No hace falta golpearlos o denigrarlos verbalmente. Con nuestra indiferencia, demostramos el mismo desinterés que provocaban estos pobres endemoniados en sus conciudadanos de Gadara.

Pero Jesús estaba a punto de calmar una tempestad más grande que la que había calmado la noche anterior. Jesús estaba a punto de hacer reaccionar a los insensibles dueños de la piara de cerdos.

Los endemoniados, ante la orden de Jesús, quedaron sentados, vestidos, en su sano juicio, escuchándolo. Pero la gente no se alegró.

Puede resultarnos fácil condenar esta conducta, pero ¿cuántas veces nos alegramos genuinamente cuando alguien es quitado de las manos del enemigo?

Esa mañana hubo dos ruegos.

Los gadarenos le rogaron a Jesús que se fuera.

Los endemoniados le rogaron que no se fuera.

¿Qué iba a hacer Jesús? ¿A qué ruego atendería? Él no fuerza su presencia a nadie y se marchó. Pero no por eso desoyó el clamor de los recién restaurados hombres. Él sabía que, al predicar y contar lo que Dios había hecho, estarían compartiendo su tarea y su misión.

“Los dos endemoniados curados fueron los primeros misioneros a quienes Cristo envió a predicar el evangelio en la región de Decápolis. Esos hombres habían tenido el privilegio de oír las enseñanzas de Cristo por unos pocos momentos. […] Podían contar lo que sabían; lo que ellos mismos habían visto, oído y sentido del poder de Cristo. Esto es lo que puede hacer cada uno cuyo corazón ha sido conmovido por la gracia de Dios” (El Deseado de todas las gentes, p. 307).

¿Cuál será tu clamor hoy? ¿Muestra tu vida evidencia de que Jesús te transformó?

Radio Adventista

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