Viernes 24 de Julio – María y Pedro Curie – Devocional Matutina para Jovenes

¿Acaso puede un hombre echarse fuego sobre las piernas sin quemarse la ropa? Proverbios 6:27.

Aquella mujer, joven y frágil, vestía pantalones de trabajo, polvorientos y manchados de ácido. Cavaba en un pequeño patio, para extraer una tierra de color marrón llamada pecblenda. Luego la metía en una olla grande, que hervía constantemente sobre una estufa de hierro. Allí permanecía durante horas meneando el líquido maloliente, para finalmente verterlo en frascos de vidrio y almacenarlos en el laboratorio. Más tarde, el líquido, con apariencia de jarabe, sería colado, tratado y analizado.

Esa mujer se llamaba María Curie. Junto con su esposo, Pedro, trataba de aislar el elemento que hacía que la tierra fuera radiactiva. En 1898 tenían ya un puñadito del preciado polvo color gris blancuzco, aislado de varias toneladas de pecblenda, tras cuatro años de arduo trabajo.

Una noche, después de haber acostado a sus dos hijitas, María sugirió: -Pedro, ¿podríamos ir al laboratorio por un momento?

-Claro, ¿por qué no? -respondió Pedro.

Caminaron con los brazos entrelazados por las apiñadas calles de París hasta llegar a su laboratorio ubicado en la calle Lhomond. Pedro extrajo la llave y abrió la ruidosa puerta del pequeño laboratorio donde trabajaban.

-No enciendas las lámparas -dijo María con voz queda-. ¡Mira, Pedro! ¿No es hermoso?

Una hilera de tubos de ensayo brillaban como gusanos luminosos de color azul. El radio fosforescente iluminaba el oscuro galpón que usaban como laboratorio. Ese fue el regalo que los Curie le obsequiaron al mundo: el elemento que es un millón de veces más radiactivo que el uranio. Puede hacer fosforescentes las manecillas de un reloj, matar semillas y destruir bacterias y células cancerosas. Pero, paradoja de la vida, este elemento tan poderoso destruyó a la persona que lo descubrió. María Curie murió de leucemia. La radiación bajo la que trabajó durante más de treinta años destruyó las células de la médula espinal. Había tomado el radio, un tipo de “fuego sobre las piernas” y pagó esta acción con su vida.

Aquellos que experimentan con el pecado también sufrirán las consecuencias. Como fuego oculto, mata desde adentro. La leucemia espiritual es real y la muerte eterna, segura. No te dejes engañar por su brillantez y esplendor.

Radio Adventista

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