Viernes 17 de Noviembre del 2017 – EMERGENCIAS – Devoción matutina para la mujer

EMERGENCIAS

“Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído” (Isa. 6524).

Hace años, mucho antes de que existieran los celulares, atravesé por nieve profunda, cruzando un lago congelado, para caminar por los bosques silenciosos. Pero cuando llegué al otro lado, vi que no estaba sola. Risas llenaban el aire; tres muchachas en trineo adolescentes estaban deslizándose por una pendiente cercana. Y de repente, la risa se convirtió en gritos cuando una de las muchachas se cayó del trineo.

Cuando sollozó que le dolía todo, desde el cuello hasta la cintura, dije a sus dos amigas: “Manténganla inmovilizada y lo más caliente posible. Voy a pedir ayuda”. Volví rápidamente a casa, para llamar a emergencias. Solo cuatro minutos después, una ambulancia paró frente a mi casa. Expliqué a los técnicos de emergencias médicas dónde estaba la muchacha. Uno trotó por el valle y cruzó el lago congelado, mientras que el otro hizo una llamada telefónica, antes de seguirlo.

Para cuando yo llegué al lugar, uno de los técnicos estaba evaluando el estado de Melissa; el otro le estaba colocando un inmovilizador de cuello. Entonces vi más movimiento. Cinco bomberos estaban cruzando el lago a toda velocidad. Pronto, manos capaces estaba colocando a Melissa sobre una camilla, atándola cuidadosamente para que no resbalara al levantarla del suelo y llevarla hasta el cuadriciclo.

Uno de los técnicos le quitó la camiseta que la amiga había usado para cubrirla. Instantáneamente, sabiendo que Melissa tenía frío, un bombero y el conductor de la ambulancia se sacaron sus camisetas para ponérselas. Veinte minutos después de haber llamado a emergencias, Melissa estaba camino al hospital. Yo había pensado que estaba en una ubicación inaccesible, pero no sabía de los recursos disponibles cuando hice la llamada. No solo había una ambulancia con dos expertos, sino además había un cuadriciclo para conducir en la nieve y el hielo, y cinco profesionales más.

Personas amables y competentes, con corazones cálidos, que estaban listos para la acción apenas recibían una llamada. Estoy agradecida de formar parte de una comunidad así. Pero, aún más, estoy gozosa de integrar la familia de Dios. No necesito llamar por teléfono para pedir ayuda. No tarda veinte minutos, ni siquiera cuatro, para que mi Padre llegue a mi lado. Él llega antes de que llame.

Denisse Dick Herr

Radio Adventista

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