Viernes 10 de Septiembre – La niña dormida – Matinal Jóvenes 2021

“Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate” (Marcos 5:41).

Jesús venía caminando con sus discípulos. Apenas había llegado de Gadara y la gente ya lo estaba esperando, así que en la orilla misma estuvo enseñando y sanando. Pero al avanzar hacia la casa de Mateo, un hombre se arrojó a sus pies y le suplicó que fuese con él. Tenía fe y sabía que si Jesús ponía su mano sobre su hija, ella viviría.

Se dirigieron hacia la casa de Jairo y al llegar se encontraron con una escena profesional de la tristeza. Habían contratado a plañideras y flautistas y estaban ejecutando su concierto de la muerte. Pero Jesús iba a despertarla. Jesús siempre tiene planes mejores.

Al acercarse a ella, tomó su mano, dio la orden y ella se levantó.

El coro de la iglesia a la que asistía cuando era pequeña, en Buenos Aires, tenía un ministerio hermoso. Habían preparado una obra con diferentes escenas de la vida de Jesús, acompañadas por cantos. Se narraba desde su nacimiento hasta la Segunda Venida. El guion, las actuaciones, la letra de los cantos y el poder de la música obraban un impacto profundo en la gente que asistía, y muchos entendían un poco más acerca del amor de Dios gracias a ese relato.

A mí me habían asignado el papel de hija de Jairo, y a mi papá, el papel de Jesús. Yo era bien menudita y él bien alto. En la obra, cuando “Jairo” me llevaba, yo iba como muerta, pero cuando me entregaba en los brazos de mi papá, él me levantaba y yo tenía que comenzar a mover los brazos y las piernas, como si hubiese vuelto a la vida. Cuando me bajaba, lo abrazaba agradecida mientras el coro cantaba: “¡Sí, hay fuerza en el nombre de Dios! ¡Hay poder en el nombre de Dios! ¡Esperanza en el nombre de Dios!”

Esa corriente de vida y ese poder en la orden de Jesús son dos cosas que están disponibles para nosotros hoy, ya sea que estemos acostados por una depresión u otra enfermedad, que estemos en los brazos de alguien que no puede hacer nada por nosotros o que, como Jairo, ejerzamos nuestra fe para buscar a Jesús y ayudar a alguien más.

Confiados, como confiaba en mi papá, podemos entregarle nuestra vida y esperar ese abrazo que vendrá después.

¿De dónde te tiene que levantar hoy? ¿En qué necesitas practicar tu confianza? ¡Arrójate a sus pies! ¡Suplícale con fe!

Radio Adventista

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