Sábado 8 de Octubre – Le caigo bien a Dios? – Devocional para Adultos

«Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes», Juan 15: 16, RVC

¿TE HA PREGUNTADO ALGUNA VEZ SI DIOS encuentra algún gozo en relacionarse contigo? En opinión de David Asscherick, la respuesta a esta pregunta es un resonante sí, pues este es el mensaje que las Escrituras nos presentan desde el Génesis hasta el Apocalipsis. *

En el relato de la Creación del Génesis encontramos a un Dios omnipotente que solo tiene que hablar para que las cosas existen: Dice, por ejemplo, «Sea la luz» y hubo luz. Pero cuando crea al hombre, no dice «Sea el hombre». No. Lo crea en forma personal. Le da forma al cuerpo, luego sopla en su nariz aliento de vida, y «fue el hombre un ser viviente» (Gén. 2: 7). He aquí un Dios, dice Asscherick, que nos crea de un modo tal que podamos relacionarnos con él en un plano personal; un Dios cercano, que desea mantener comunión permanente con la corona de su creación.

Pero entonces entra el pecado al mundo. ¿Qué hace Dios cuando ya no es posible la comunión directa con sus criaturas? Se asegura de que su presencia continúe en medio de su pueblo, a través del santuario. Siglos más tarde, llegado «el cumplimiento del tiempo», envía a su Hijo, no solo para que sea «Dios con nosotros», sino también uno de nosotros. Y cuando se acerca el momento de su sacrificio, Jesús les dice a sus discípulos qué lugar ocuparon ellos en su corazón: «Ya no los llamaré siervos —declara—, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; yo los he llamado amigos» (Juan 15: 15, RVC).

No siervos, sino amigos. ¡Qué asombroso! Y no fuimos nosotros los que tomamos la iniciativa para entablar esta amistad. ¡Fue él! ¿No es esto maravilloso? El Dios que nos crea para relacionarnos con él, y que nos busca después de extraviarnos, nos escoge para que seamos sus amigos. Además, nos promete que esa relación que comenzó en el Edén, y que el pecado estorbó, será restaurada completamente, cuando él haga nuevas todas las cosas: «Oí una potente voz que provenía del trono y decía: “¡Aquí, entre los seres ¡Humanos, está la morada de Dios! El acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios”» (Apoc. 21:3).

«Entre los seres humanos estará su morada». Lo que esto significa, en última instancia, es que Dios no solo nos ama, como nuestro Padre celestial que es, sino que también se interesa en nosotros. Se deleita tanto en nuestra compañía, ¡que quiere tenernos cerca de él por siempre! ¿No es esto, precisamente, lo que hacen los buenos amigos?

Padre amado, hoy alabo tu nombre porque a pesar de ser un Dios todopoderoso, y habitar en luz inaccesible, eres también mi Salvador y Amigo eterno. ¿Qué más puedo pedir?

Radio Adventista

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