Sabado 8 de Agosto – NATANEL GREENE – Devocional para Jóvenes

Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Gálatas 6:2.

Si alguien alguna vez necesitó la ayuda de otro para sobrellevar su carga, ese fue Natanael Greene la noche del Io de febrero de 1781. El general Davidson había muerto en la batalla juntamente con Cornwallis, el comandante británico. Sus soldados habían huido despavoridos. En ese momento, pareció a Greene que la causa de los patriotas estaba perdida.

Ensilló su caballo y galopó rumbo a la taberna de Steele para encontrarse con su amigo íntimo, el Dr. Read, bajo una lluvia torrencial que calaba hasta los huesos.

-¿Qué es esto? ¿Está solo, general?

-Sí, doctor. Cansado, hambriento, solo y sin un centavo -pasó una pierna por encima del caballo y resbaló hasta el suelo-, Davidson ha fallecido. Todos mis hombres desaparecieron.

-Es una lástima -simpatizó el doctor-. Entremos para escapar de este frío. Allá adentro podremos hablar mejor.

En la taberna, una fogata alegraba y calentaba la habitación. El general Greene se dejó caer en una silla cerca del fuego y se quitó el sombrero tricornio empapado. Apoyó la cabeza en sus manos y suspiró.

-¡Esto lo hará sentirse mejor! -le dijo la Sra. Steele, mientras ponía un plato de comida caliente delante de él.

-Ya no recuerdo la última vez que comí. ¡Esto es maravilloso!

-Gracias, general.

La Sra. Steele volvió a la mesa. Esta vez tenía una bolsita de dinero en cada mano

-Escuché lo que le dijo al Dr. Read -continuó la señora-. Llévese esto, porque lo necesita. Yo podré vivir sin él.

-Que Dios la bendiga, Sra. Steele. Ha honrado a su país esta noche.

En ese momento, Greene notó que había un retrato del rey Jorge III colgado en la pared. Se acercó al escritorio e introdujo la punta de una pluma en el cuerno de tinta. Giró el cuadro, de manera que la imagen del rey mirara hacia la pared. Escribió: “Escondo tu rostro al grado de ruborizarte, Jorge”.

Recién entonces, el general Greene estuvo listo para volver a ensillar su caballo y regresar a la batalla. Tenía el ánimo redoblado gracias a que dos personas amables lo habían ayudado a sobrellevar su carga. Vuelve a leer la historia, y trata de encontrar cinco maneras a través de las cuales el Dr. Read y la Sra. Steele lo lograron.

Radio Adventista

View all contributions by