Sabado 22 de diciembre – CORDONES VERDES – Meditacion para Damas

CORDONES VERDES

“-¿Qué tienes en la mano? -preguntó el Señor” (Éxo. 4: 2).

Ese par de zapatos de cuero calado color verde oliva abrazaban mis pies como si fueran una segunda piel. Había estado mirándolos por algún tiempo, esperando las ofertas. Ahora estaban a menos de la mitad del precio original y, finalmente, podía pagarlos. Me felicité por la buena compra mientras me los sacaba y se los daba a la vendedora, quien los puso en una caja con papel de seda y la cerraba.

Cada vez que usaba esos zapatos, tenía cuidado de no pisar los cordones de satén que hacían juego. Era consciente de cuán fácilmente se podía dañar ese delicado material, y que, a pesar de buscar en muchos negocios, no había podido encontrar otro par de cordones verdes.

Pasaron los años y, como había anticipado, los cordones comenzaron a raerse.

Entonces, cierta semana, en la iglesia, nos pidieron que llenáramos una caja de zapatos con regalos para un niño o niña desconocidos, cuyas circunstancias fueran menos favorables que las nuestras. Podíamos llenarlas con jabón, crayones, cepillos, peines, cepillo de dientes, cuadernos, juguetes fuertes, una pelota, y cosas que no requirieran pilas ni electricidad. Fijaron una fecha en la cual recogerían y enviarían las cajas. Comencé a pensar inmediatamente qué podía incluir en mi caja de zapatos.

Al día siguiente, fui al estante en que guardo mis zapatos, buscando una caja adecuada. Hacía poco había transferido la mayoría de mis calzados a cajas de plástico transparentes, y solo había guardado una o dos cajas de cartón. Una de ellas contenía mi par preferido de zapatos verdes. Había guardado esta caja por su diseño inusual, pero era hora de darle un mejor uso. Comencé a vaciar la caja y, al levantar el papel de seda, vi un pequeño sobre marrón en una esquina. Abrí el sobre y sacudí la cabeza… ¡lo adivinaste! un par adicional de cordones verde oliva encerados. ¡Todo este tiempo habían estado debajo de mis narices!

Esta experiencia me enseñó dos cosas. Frecuentemente, pedimos a Dios que supla nuestras necesidades, pero no reconocemos que el abandonar algo de nuestra atesorada “utilería” es la clave para recibir sus bendiciones. Segundo, equivocadamente le damos valor a sus regalos sobre la base de la opulencia de los paquetes. A menudo, Dios envuelve sus regalos más preciosos en un simple y común papel marrón.

“-¿Qué tienes en la mano? -preguntó el Señor. -Una vara -respondió Moisés-. Déjala caer al suelo -ordenó el Señor.” (Éxo. 4: 2, 3).

AVERY DAVIS

Radio Adventista

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