DWIGHT L. MOODY
¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Salmo 139:7.
Hola, hijita, ¿cómo te llamas? -preguntó Dwight L. Moody, famoso evangelista que vivió en el siglo XVI11.
-María -respondió la niña harapienta, de los barrios bajos de Chicago. -Muy bien, María, tendremos una clase especial para niños el próximo domingo de mañana en el Salón de North Market. Si vienes, la pasarás muy bien cantando. ¿Me prometes venir?
María movió la cabeza negativamente.
-Te contaré muchas historias bonitas. Lo pasaremos muy bien.
-No -insistió María-, No iré.
-Oh, sí; tienes que venir, María. No puedo aceptar un no categórico de tu parte -le sonrió el ministro de larga barba.
-Muy bien, iré -le respondió al fin, pero solo para deshacerse de él.
En realidad, María no tenía la menor intención de asistir a la escuela dominical.
El pastor Moody notó la ausencia de la niña aquel domingo de mañana, de manera que al terminar el servicio salió a buscarla. María vio al pastor al mismo tiempo que él a ella. La niña echó a correr como un venadito cuando huye de los lobos, y el pastor Moody detrás de ella.
María entró en una cantina, esquivó sillas y mesas, y salió por la puerta de atrás, con el pastor que le pisaba los talones. Subió unos viejos escalones de madera que conducían al piso de arriba, donde vivía; entró violentamente a su departamento, cruzó su cuarto, y se metió debajo de la cama. Moody la encontró allí respirando fatigadamente. Estiró sus brazos largos debajo de la cama, y la sacó de allí.
Justo en ese momento apareció la mamá de María.
-¡Suelte a mi hija! -le ordenó al pastor Moody-, ¿Qué hace en mi casa? ¡Váyase de aquí!
-Perdóneme por irrumpir en su hogar de esta manera -se disculpó el pastor Moody-, Me llamo Dwight L. Moody. María me prometió asistir hoy a la escuela dominical y no se presentó. Quería saber la razón. Estoy seguro de que le interesará que ella aprenda acerca de Jesús.
-Desde luego que sí -respondió la mamá de María-, El próximo domingo allí estaremos toda la familia.
-No se puede huir del Sr. Moody -afirmó María-, ¡Tarde o temprano te alcanzará!
-También Dios -le respondió el Sr. Moody.


