Sábado 15 de Enero – Quien te crees que eres? – Devocional para Damas 2022

“El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rom. 8:16, 17, NVI).

Nicole McCabe estaba embarazada de seis meses cuando encendió la radio y escuchó una noticia aterradora. La policía la buscaba como sospechosa de un asesinato. El boletín Oficial proclamaba que ella, y otros dos ciudadanos australianos, estaban vinculados con el asesinato de Mahmoud al-Mabhouh, un importante miembro de la organización islámica palestina Hamás. ¿Por qué la buscaban por un crimen que no había cometido? Porque Nicole había sido víctima de un robo de identidad. Aunque ella aún tenía su pasaporte original, los criminales han usado sus datos personales para crear un pasaporte falso y así cometer un crimen en su nombre. Nicole fue exonerada cuando se descubrió que la foto en el pasaporte falso no era la suya, sino la de uno de los criminales.

Así como estos criminales, Satanás quiere robar nuestra identidad. Cuando Jesús fue bautizado, la voz del Padre afirmó su identidad: “Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él ”(Mat. 3:17, NVI). Pero Satanás era consciente del peligro que corría si permitía que Jesús viviese afianzado en su identidad de Hijo amado. Por eso, solo unos días después, en el desierto, intentó que dudara. No es casual que todas las tentaciones comenzaran con la misma frase: “Si eres el Hijo de Dios …”

Bajo la superficie de muchas tentaciones se encuentra la misma pregunta hiriente: ¿Quién te crees que eres? La identidad no se gana, se hereda. Nuestro Padre es el Rey de reyes. Somos princesas reales, amadas con un amor exuberante y eterno (Jer. 31: 1; Juan 3:16). Pero si el ancla de nuestra alma no está bien aferrada a esta verdad, nos pasaremos la vida tratando de probar nuestro valor como personas. Viviremos sufriendo los éxitos de los demás, comparándonos y compitiendo por atención.

Pero no hay éxito profesional, belleza física, relación sentimental o descendencia que pueda reemplazar nuestra identidad de hijas de Dios. Después de todo, “¿quién eres?” y “¿qué tienes?” son dos preguntas muy diferentes. Para vivir una vida de abundancia emocional, en la que no estemos continuamente comparándonos con los demás, tendremos que aprender a aceptar la definición del Padre: Eres mi hija amada en quien me deleito. ¡Nada menos!

Señor, cuando el enemigo susurre mentiras en mis oídos y me diga que no sirvo para nada o que soy una fracasada, recuérdame quién soy en realidad. Soy amada con tal fuerza y ​​generosidad, que no escatimaste ni a Cristo para salvarme.

Radio Adventista

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