Sábado 11 de Enero – Mirándole – Matinal Jóvenes

«! ¡Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro!» Es un. 45:22

Tal y como indica el texto de Isaías, Jehová era el único Salvador en el Antiguo Testamento. Y nuestro Señor Jesucristo es el único Salvador del Nuevo Testamento. Hay que mirar a Jesús y creer en él para ser salvo. Mirar a Jesús significa que para vencer al pecado hay que apartar la vista del mundo, de la filosofía, de la ciencia, de toda institución e, incluso, de nosotros mismos. Ningún sistema político, social o económico puede salvar al hombre. La salvación es la obra de Cristo, el Salvador.

Jesús tiene poder para salvar y anhela ejercer ese poder en beneficio nuestro. Y lo quiere hacer ahora, esto es, no tenemos que esperar a estar casi muertos para ser salvos. No hay que hacer peregrinaciones, ni ayunos, ni sacrificios, ni someterse a flagelaciones para alcanzar o comprar lo que Cristo alcanzó, compró y pagó con su muerte en la cruz del Calvario. Cuando Cristo salva, salva para siempre, salva en forma total y quiere hacerlo inmediatamente.

Cristo no va a pedir algo al pecador, va a dárselo todo, comenzando con la salvación. Él es un gran Salvador. Nos prometemos que, si «nuestros pecados resultarán como la grana, como la nieve, serán emblanquecidos». No importa el fango o lodo de maldad que cubre al pecador. No importa lo miserable que haya sido, o que se halle metido en los mismos antros del pecado. Cristo acepta al pecador. Cristo limpia al pecador. Cristo salva al pecador.

Nuestro Señor no vino a condenarnos, porque esto sería absurdo. Como pecadores ya estábamos condenados, éramos transgresores de la santa e inmutable ley de Dios. Cristo vino a salvar al pecador de su pecado, de su desobediencia o rebelión contra los eternos principios (que son copia del carácter perfecto de Dios).

Sí, Cristo fue levantado en la cruz, pendiente entre el cielo y la tierra, para que, mediante su muerte, los hombres tuviéramos vida. Todos hemos sido mordidos por la serpiente que se llama «diablo y Satanás». Y Jesús es el antídoto contra la mordedura letal de esta serpiente maligna. Así como el veneno que inocula una víbora es mortal, si no hay antídoto, de la misma manera el veneno del pecado nos acarrea la muerte si no fuera por el perdón y la gracia del amor de Dios manifestado en la cruz. Cristo es el remedio y la medicina contra la rebelión y el pecado. Su nombre, Jesucristo, sin lugar a dudas, significa Salvador.

Solo necesitas una cosa, mirale.

Radio Adventista

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