Miércoles 5 de Julio – FLUIR – Devoción Matutina para Jóvenes

«Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en el firmamento de los cielos», Gén: 1:20

Mirar el cielo desde la Plaza de Cataluña, en Barcelona, ​​es un espectáculo. Algo más allá del revolotear sincopado de las palomas urbanas se pueden contemplar nubes de estorninos. Es como si un coreógrafo magistral los hubiera perturbado en el arte de todos a una. Como un pañuelo de seda al capricho del aire, se mueven individualmente y en conjunto. Las formas y los volúmenes evolucionan a imagen y semejanza de un salva pantallas, excepto que esos puntitos negros sobre fondo azul están vivos.

En cierta manera se mueven como un cardumen. La organización y tonos similares de un banco de arenas es de una belleza y estrategia. El movimiento los hace identificables y parecidos. Ese fluir ingrávido y deslizante que caracteriza a los peces es el mismo que permite desplazarse a las aves. Volar y nadar son ejemplos del discurrir de una naturaleza en común. Nunca lo habríamos pensado porque miramos más las escamas y las plumas. Estudiamos los detalles, diseccionándolos, pero ahí está el movimiento. Al desplazarse, con el uno está el todo. Unidad frente a unión, individualidad en grupo frente a grupo individualizado.

Mirar el suelo desde la Plaza de Cataluña también es un espectáculo. El movimiento apresurado de los urbanitas solo se ve interrumpido por la pausa intermitente ante el escaparate. Los objetos desaceleran su fluir por culpa del anhelo de comprar. El enjambre humano parece vivir en polinización continua y consumista. Debe replantearse el discurrir de un ciudadano, porque con el objeto está el todo. Colección juntamente con unión, cosa junto a conjunto.

En Mateo 9: 9 tenemos un relato brevísimo que viene al punto: «Jesús continuo su camino. Al pasar vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en su despacho de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Mateo se levantó y lo siguió.» Jesús tenía un accionar tan constante y salvífico que continuaría un movimiento. Mateo estaba en otra. Hasta aquel día había preferido el dominio de las cosas, contar monedas a contar vivencias. Una sola mirada de Jesús, una sola palabra y cambió su fluir, dejó el deambular de lo material y comenzó a deslizarse por el Espíritu. Y no hay nada como deslizarse por el Espíritu. Se ven los paisajes desde otra perspectiva, se siente la ligereza del ser sin lastre, se comprende la existencia desde dentro y con otros.

¿Dónde vas? Sea cual sea tu respuesta, recuerda que Jesús te invita a seguirle. Fluye con él.

Radio Adventista

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