Miércoles 24 de Mayo – Nos hizo aptos – Matinal Adultos

 Así, con gran gozo, daran las gracias al Padre, que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (Colosenses 1:11, 12, RVC).


La revista Newsweek realizó una encuesta entre los gerentes de más de doscientas empresas estadounidenses, lanzándoles la siguiente pregunta: “¿Qué necesitamos tener para saber si somos aptos para obtener un trabajo?”.* Estos fueron algunos de los resultados: El 57 por ciento desear que un candidato poco atractivo, aunque esté preparado, se le hará más difícil conseguir el puesto; el 68 por ciento afirmó que, en caso de que una persona poco atractiva sea contratada, su apariencia personal afectará la percepción de los gerentes tendrán de su desempeño laboral; el 59 por ciento aconsejó emplear tiempo y dinero en mejorar la apariencia personal; y el 64 por ciento sostenía que las compañías deben elegir a sus empleados fuertemente en la apariencia de los candidatos.

Imaginemos que Dios fuera de un gerente, valorando si contratarnos o no para formar parte del reino de los cielos; ¿qué necesitaría nuestro Creador para que nosotros pudiéramos recibir un empleo en la empresa celestial? Si el Departamento de Recursos Humanos del Cielo evaluara nuestras peticiones, la respuesta sería que somos indignos, completamente indignos. Pero, gracias a Cristo, se puso en marcha un plan de acción a fin de que desapareció la indignidad que nos impide ser miembros activos del reino de Dios.

El apóstol Pablo escribió: “Así, con gran gozo, daran las gracias al Padre, que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:11, 12, RVC). Él “nos hizo aptos”; es decir, “nos ha facultado”, “nos hizo competentes”, “nos ha considerado dignos” de recibir la herencia celestial. ¿Por qué Dios toma la iniciativa de hacernos “aptos”? Porque no hay nada que podamos hacer para poner fin a nuestra ineptitud espiritual. Dios “nos hizo aptos” porque nuestras obras, por buenas que sean, no conllevan el más mínimo mérito.

En 1905, Elena G. de White declaró: “La gracia es un atributo de Dios puesto al servicio de los seres humanos indignos. Nosotros no la buscamos, sino que fue enviado en busca nuestra. Dios se complace en concedernos su gracia, no porque seamos dignos de ella, sino porque somos completamente indignos. Lo único que nos da derecho a ella es nuestra gran necesidad”. ** Sí, somos indignos, pero Dios ha prometido que nos hará aptos para su reino.

Radio Adventista

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