Miercoles 23 de Septiembre – EL ESPÍRITU SANTO – Devocional para Damas

«Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre» (Juan 14:16, RV95).

Cuando hemos compartido tiempo de nuestra vida con una persona a la que apreciamos, con la que crecemos, cuya presencia nos llena y nos enseña grandes lecciones y, de pronto, esa persona se va, pasamos a sentir una gran soledad y un vacío. Nos parece que nadie podrá llenar ese espacio que su partida ha dejado. Eso fue lo que les sucedió a los discípulos con respecto a Jesús. Habían pasado con él tres intensos años en los que habían aprendido a apreciarlo, con quien habían crecido espiritualmente más que nunca antes, cuya presencia los hacía sentir aceptados y perdonados, y cuyas lecciones eran profundas y revolucionarias; pero, de pronto, se fue. A pesar de que se lo había adelantado para que no los tomara por sorpresa, ellos se sintieron solos y con un gran vacío.

En esos momentos olvidaron que Jesús había dicho: «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14:18, RV60). No habían comprendido que, tras su muerte, el Espíritu Santo sería el Consolador de los cristianos. Jesús dejó un vacío en la vida de quienes lo conocieron y compartieron con él, pero el Consolador puede alcanzar a todas las almas, porque no tiene limitaciones espaciales, materiales ni temporales.

Jesús dijo: «Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. […] Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad» (Juan 16:7-8, 13, RV95), porque él es quien nos da testimonio de Cristo (ver Juan 15:26). Él es quien nos muestra nuestro pecado (ver Juan 16:8).

¡Ten ánimo, querida amiga! Tienes un guía y un compañero infalible que te ayudará a llegar hasta el hogar celestial. Si no lo has sabido valorar hasta el día de hoy, es momento de que tengas plena consciencia de su existencia y de su intervención en tu vida.

«Como el viento que, aunque es invisible, se ven y sienten claramente sus efectos, así también obra el Espíritu de Dios en el corazón humano. El poder regenerador, que ningún ojo puede ver, engendra una vida nueva en el alma; crea un nuevo ser conforme a la imagen de Dios» (El camino a Cristo, cap. 7, p. 86).

Radio Adventista

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