Mércoles 28 de Diciembre – Después de casi 2000 años… – Matinal Jóvenes

Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades se los llevaban, y él ponía sus manos sobre cada uno de ellos y los sanaba. También de muchos demonios salían, los cuales gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Jesús los reprendió y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo (Lucas 4:40-41).

«AQUEL ATARDECER NADIE EN CAPERNAÚM pensamientos en negocios, placeres o reposo. Tiene que haber habido muchas casas afligidas con penas, tribulaciones y enfermedad, y lo mismo en las aldeas y pueblos vecinos. Para ellos, para todos, se había abierto ahora una puerta a la esperanza […] Ninguna enfermedad estaba demasiado avanzada, cuando incluso los demonios reconocían la autoridad de su mera reprensión. De todas partes se los trajeron: madres, viudas, esposas, padres, hijos, maridos; todos traían a sus deudos, los tesoros que casi habían perdido; y toda la ciudad se aglomeró […] a la puerta de la casa de Simón. Allí los colocaban, a lo largo de la calle hasta la plaza-mercado, sobre sus camillas; o los traían consigo, con mirada suplicante acompañando a las palabras. ¡Qué símbolo de la miseria, necesidad y esperanza de este mundo; ¡qué símbolo también, de lo que Cristo es realmente, como el Consolador de los múltiples males del mundo!» (Alfred Ederheim, La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, t. 1, pp. 539-540).

Después de casi 2000 años de la narración de Lucas, el mundo no ha mejorado en absoluto. En cada rincón del planeta se ve miseria, desolación, angustia y soledad. Incluso en las grandes metrópolis, aquellas que son famosas por la riqueza que poseen, también allí hay personas marginadas que viven un presente desolador. Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos miles de hogares que están sedientos de paz, armonía y estabilidad emocional. Cada hombre y mujer de esta tierra está deseoso de encontrar seguridad y amor; seguridad y amor que no terminen con una revuelta política o económica; seguridad y amor que duren eternamente.

Después de casi 2000 años, Jesús sigue siendo el único que puede proveer lo que este mundo necesita. Los seres humanos ya comprobamos que ni el conocimiento científico, ni el poder político, ni la estabilidad económica, ni la igualdad social tienen soluciones que satisfagan las necesidades del alma. Solo Jesús, el Hijo de Dios, puede transformar la vida para que sea un deleite vivirla. Solo Jesús, el Salvador del mundo, se entregó para rescatarnos, sencillamente porque nos amó.

Después de casi 2000 años, tú y yo le pertenecemos, por creación y por redención.

Radio Adventista

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