Miércoles 7 de septiembre. Matinal para damas – La quinta esencia de nuestra fe

Miércoles 7 de septiembre. Matinal para damas – La quinta esencia de nuestra fe  

«Amar a Dios con todo el corazón, […] y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que […] todos los sacrificios» (Mar. 12: 33).

“El amor es la marca que Cristo ha puesto en los Cristianos”. Francis Schaeffer

UN MAESTRO de la ley «se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”. Jesús le contestó: “El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”» (Mar. 12: 28-30). Con esta respuesta, Jesús no sorprendió a nadie, pues se trata ni más ni menos que de la Shemá o, lo que es lo mismo, Deuteronomio 6: 4-9.

Para todo judío ortodoxo, tanto en tiempos de Jesús como hoy, la Shemá es la quintaesencia de sus creencias fundamentales. La recitan, sin falta, dos veces al día: al levantarse y antes de acostarse. Asimismo, es la primera oración que se enseña a los niños. Jesús, en su respuesta al maestro de la ley, se estaba ciñendo por completo a la tradición judía. Y digo «se estaba», en pasado, porque pronto dio un giro desconocido: «Pero hay un segundo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo». De esta forma, añadiendo Levítico 19: 18, venía Jesús a arrojar más luz sobre lo que constituye la verdadera religión.

Al mismo nivel que la Shemá, completándola, perfeccionándola, llevándola a su máxima expresión y dándole el sentido pleno que debe tener, están estas palabras: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Porque el amor a los demás es tan fundamental para la fe cristiana como la creencia en un solo Dios, creador del universo y redentor de todos. No cabe duda de que, para Jesús, esto es esencial en la vivencia religiosa.

Y para comprender qué quería decir Jesús con eso del amor al prójimo, basta con ir al propio texto de Levítico 19, que habla de respetar a los demás; de no usar jamás la violencia ni arrebatar a otro lo que es suyo; de no retener lo que le corresponde a cada cual ni abrigar en nuestro corazón malos sentimientos; de regañar cariñosamente al hermano descarriado; de nunca hacer trampas ni causar sufrimiento al extranjero que vive entre nosotras. Entre otras cosas.

Esta respuesta de Jesús sigue siendo la quintaesencia de la fe; porque, como dijo: «Ningún mandamiento es más importante que estos» (Mar. 12:31).

 

Radio Adventista

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