Llegaron entonces cuatro hombres que cargaban a un paralítico […] Cuando Jesús vio la fe de ellos, le dijo al paralítico: «Hijo, los pecados te son perdonados» (Marcos 2:3, 5).
ESA FAMILIA ESTABA VIVIENDO UNA CRISIS de convivencia. Si bien tenían muchos años como adventistas y conocían los consejos bíblicos para una buena relación familiar, por diversas situaciones se habían lastimado provocándose dolor y sufrimiento. Un día decidir hablar y sacar todo lo que había en sus corazones; se sentaron y oraron por direccion divina. Se amaban y expresaron el cariño que se tenían y que deseaban demostrar si terminaban las agresiones. Uno a uno pidió perdón por expresiones que habían herido al resto o por actitudes que habían despertado en los demás algún tipo de rechazo. Todos pidieron perdón por algo, salvo el padre de familia.
Cuando uno de los hijos me contaba su historia familiar, me preguntaba con lágrimas en los ojos: «¿Cómo es posible pastor, que alguien que por años fue a la iglesia y que conoce a Cristo, no tenga algo que decir? ¿No se dio cuenta que él también cometió errores y que debía pedir perdón? ¿Se olvidó de aquellas ocasiones que nos ofendió y lastimó con sus palabras? Todos en mi casa reconocimos nuestros errores y luego nos pedimos perdón. ¿Por qué mi padre no pudo reconocer ni un solo error?».
Este hombre no pudo reconocer sus yerros porque es un inválido espiritual. Un inválido espiritual no tiene la capacidad de percibir el daño que causa con sus palabras, no puede reconocer sus equivocaciones, no puede vivir en paz con sus semejantes, no puede pedir perdón a Dios ni a los que lastimó (porque siempre justifica su mal accionar ) y, como es inválido, tampoco puede ir a Cristo para ser sanado. La condición del inválido espiritual es terrible, pero tiene solución.
Así como en la historia bíblica, hoy también el inválido espiritual necesita ser llevado por otros a Cristo. Jesús no sanó al paralítico porque él se lo pidiera, sino que «al ver Jesús la fe de ellos» actuó al perdonarle sus pecados y darle sanidad física.
¿Hay en tu hogar paralíticos espirituales? Tu iglesia, ¿tiene hermanos que nunca piden perdón por sus faltas? ¿Están rodeados de personas que nunca reconocen sus errores? ¿Conoces a alguien que necesita sanidad, pero no puede ir a los pies del Salvador? Sigue el ejemplo de los cuatro, que cargaron con su amigo paralítico para que Jesús lo sanara, Intercede en oración por cada paralítico espiritual que te rodea, preséntaselo al Señor y espera. El mismo poder curativo que Jesus tuvo mientras sufrio en este mundo esta a nuestra disposicion sin buscamos su ayuda con fe.


