Martes 5 de Septiembre – ENTRE LOS MÁRGENES – Matutina para Jóvenes

«Asimismo, se realizará lo que tú determines, y sobre tus caminos resplandecerá la luz» Job 22:28

Comencemos con una cita de Elena G. White muy clarificadora de lo que Dios anhela de nosotros: «El gobierno de Dios no se funda en una sumisión ciega ni en una reglamentación irracional, como Satanás quiere hacerlo aparecer. Al contrario, apela al entendimiento y a la conciencia. “¡Venid, pues, y arguyamos juntos!”, es la invitación del Creador a los seres que formó. Dios no fuerza la voluntad de sus criaturas. No puede aceptar un homenaje que no le sea otorgado voluntaria e inteligentemente. Una mera sumisión forzada impediría todo desarrollo real del entendimiento y del carácter: haría del hombre un simple autómata. Tal no es el designio del Creador. Él desea que el hombre, que es la obra maestra de su poder creador, alcance el más alto desarrollo posible. Nos presenta la gloriosa altura a la cual quiere elevarnos mediante su gracia. Nos invita a entregarnos a él para que pueda cumplir su voluntad en nosotros. A nosotros nos toca decidir si queremos ser libres de la esclavitud del pecado para compartir la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (El camino a Cristo, p. 43).

Este texto nos permite poner algunas cosas en orden:

1. Dios no desea que seamos robots, objetos sin alma que solo obedecen órdenes. A él le gusta que hagamos las cosas porque queremos hacerlas, no porque estamos obligados a hacerlas. Nunca fuerza la voluntad de una persona. Anhela una adoración sincera, de verdad, que surja del corazón.

2. Dios no desea que seamos ignorantes, seres sin pensamiento que solo aceptan órdenes. A él le gusta que pensemos, que pensemos bien y de forma elaborada. Le agrada que seamos personas cultas, elegantes y preparadas. Sabe que no siempre es fácil, pero pone a nuestra disposición su Gracia para que lleguemos a la altura que precisamos y volvamos a la identidad del Edén.

Dejar claros estos dos conceptos nos va a permitir ir más allá por las veredas de lo espiritual, adentrándonos en los caminos más espectaculares de la confianza y el conocimiento. Hay que disfrutar de la compañía divina porque aporta sosiego y gozo. Hay que desentrañar las verdades divinas porque aportan certeza e identidad. Ya está bien de estar entre los márgenes de la fe (desconfianza e ignorancia), discurramos por el amplio sendero del poder de Dios, poder que resonará en nosotros con la intensidad del trueno.

Radio Adventista

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