Martes 3 de Noviembre – El poder que estás buscando – Devocion Matutina para Damas

«Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento» (Colosenses. 4:2, NVI).

El fresco aire de noviembre entraba por la puerta de mi cuarto. Me inspiraba el verdor de la naturaleza de los primeros días de ese mes. El sol, bu ya no tan abrasador como en los meses anteriores, se deslizaba entre los tejados de las casas contiguas. Qué inspirador espectáculo. Me asomé entonces a la ventana de mi jardín interior, ahí donde también brillan los rallos del Sol de justicia. Postrada de rodillas, por segunda vez, buscaba al Señor antes de comenzar mi rutina diaria. Sé muy bien que sin oración estoy totalmente perdida. Aquella mañana, como todas las mañanas, mi mente y mi cuerpo obtuvieron fuerzas para acometer todo lo que tenía por delante.

Qué poderoso es ser consciente de que «el Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad» (Sal. 145:18, NVI). Yo puedo sentirlo cada mañana, porque veo la diferencia entre la que soy antes y después de acudir a él en oración. Por eso, para mí, esa es mi primera tarea; y mi objetivo esta mañana es animarte a que lo sea también para ti.

Dice Elena G. de White: «Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primera tarea. Sea tu oración: “Tómame, ¡oh Señor!, como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti”. Este es un asunto diario. Cada mañana, conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos, según te lo indique su providencia. Podrás así poner cada día tu vida en las manos de Dios, y ella será cada vez más semejante a la de Cristo. La vida en Cristo es una vida de plena confianza. Tal vez no se experimente una sensación de éxtasis, pero tiene que haber una confianza continua y apacible. Tu esperanza no se cifra en ti mismo, sino en Cristo. Tu debilidad está unida a su fuerza, tu ignorancia a su sabiduría, tu fragilidad a su eterno poder. Así que no has de mirarte a ti mismo ni depender de ti, sino mirar a Cristo» (El camino a Cristo, cap. 8, pp. 104-105).

Querida amiga, el poder que estás buscando viene de Cristo y se accede a él cada día por medio de la oración. Por eso, haz de esto tu primera tarea.

Radio Adventista

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