Martes 29 de Noviembre – TZITZIT – Devoción Matutina para Damas

“Hija -le dijo Jesús-, tu fe te ha sanado. Ve en paz” (Luc. 8:48, NTV).

Dios seguramente a los varones israelitas que se vistieran de una forma especial. Al borde de sus ropas, ellos deben poner borlas y atarlas con un cordón azul (Núm. 15:38). Estas borlas, o tzitzits , tienen un significado espiritual importante: representan los Mandamientos de Dios. Los tzitzits eran tan especiales para un varón judío, que solo los miembros de la familia podían tocarlos; solo sus padres, esposa o hijos. Cuando la Biblia dice que la mujer que sufría el flujo de sangre se acercó a Jesús y tocó el borde de su manto, lo que realmente nos está diciendo es que ella tuvo la osadía de tocar el tzitzit . ¡No solo no era pariente de Jesús, sino que además era impura debido a su enfermedad!

Esa mujer tenía muchas razones por las cuales sentirse asustada y avergonzada: Había estado enferma por doce años, había ignorado las leyes de pureza al mezclarse entre la multitud (y al contaminar a todos los que rozaba) y había tocado el borde del manto de un hombre que no era su padre. En la cultura de su época, donde la reputación y el honor eran fundamentales, estos eran crímenes imperdonables. Cuando Jesús se dio vuelta y preguntó: “¿Quién me tocó?”, ella debió haber temido ser humillada en público por sus acciones. Sin embargo, Jesús estaba a punto de sanar también su alma. La primera palabra que Jesús le dijo fue: “Hija”. Con esta palabra, él removió toda la vergüenza por su osado acto de fe. En sin vergüenza(Sin vergüenza), Christine Caine comenta: “¡Cuán sorprendente! Ella había venido para encontrar alivio a su sufrimiento, ¡y no solo había sido sanada, sino que además había recibido una nueva identidad! Jesús la recibió en su familia, […] la conexión íntima y tiernamente consigo mismo”. Jesús la limpió no solo de su enfermedad, sino también de su vergüenza.

A veces nos escondemos y queremos pasar desapercibidas, como esa mujer. Como Adán y Eva en el Edén, tememos que si Dios nos ve desnudas nos avergonzará en público. Pero la intención de Dios siempre es sanarnos; tanto de nuestra enfermedad, como de nuestra vergüenza. La Biblia dice que Dios jamás rechaza a los que se acercan (Juan 6:37). Podemos acercarnos con confianza, aunque tengamos manos impuras, y tocar el borde de su manto.

Señor, tú me recibes, me sanas, y quitas toda mi vergüenza y miedo. Yo soy tu hija. ¡Bendito sea tu nombre!

Radio Adventista

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