Martes 26 de Mayo – GARY BJORKLAND – Devocion Matutina para Jóvenes

GARY BJORKLAND

Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Hebreos 12:1.

Carry Bjorkland estaba seguro de que llegaría a los Juegos Olímpicos de 1976 hasta que perdió su calzado en la pista de carreras de Eugene, Oregón. Fue un accidente. Alguien lo pisó y la lengüeta le quedó metida debajo del talón. Desesperadamente hizo lo posible por ponerse bien el zapato, pero todo fue inútil. No había manera de lograrlo, a menos que se detuviera: así que, se lo quitó por completo.

-Al principio, tuve la remota esperanza de que todo funcionaría -dijo Garry-, Pero cuando pierdes un zapato en la pista, pronto te das cuenta de que la elasticidad de tu ritmo depende de las púas que poseen los zapatos. Ayuda mucho el tope del zapato cuando se asienta el pie, y el impulso es mayor al dar el siguiente paso.

El pie descalzo de Garry resbaló al asentarlo. Después de recorrer 200 metros de pista, estaba resuelto a abandonar la carrera. Cuando dio la vuelta donde había perdido el zapato, uno de los espectadores le gritó: -¡Noterindas! ¡Aguanta!

Con renovadas fuerzas, Garry emprendió la siguiente vuelta a la pista. Al hacerlo, en el mismo lugar, 25 personas le gritaban:

-¡Vamos, Garry! ¡Tú puedes con ellos!

La siguiente vez eran 75 los que lo vitoreaban. La próxima eran 150 los que lo animaban. Para la siguiente vuelta, había 300 y luego 500. El grupo que lo animaba crecía a medida que daba las vueltas a la pista. Finalmente, cuando solo le faltaban dos vueltas, 7 mil admiradores lo alentaban a que terminase la carrera.

-Perdí toda sensibilidad -dijo Garry-, Me olvidé del pie descalzo. Todo lo que contaba era el aliento que me infundía el público. Sentía que toda su energía me envolvía e impulsaba.

La muchedumbre lo ovacionó como demostración de su aprecio cuando el pie descalzo de Garry cruzó la línea de la meta. ¡Había calificado para el equipo olímpico!

¿Eres como Garry, que te pasas la vida corriendo con algún impedimento? ¿Te parece que a los demás siempre se les hacen más fáciles las cosas? ¿A veces te dan ganas de rendirte? Escucha a la multitud de espectadores celestiales que te animan:

-¡No te des por vencido! ¡Aguanta! ¡Tú puedes con ellos!

Radio Adventista

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