Martes 23 de Febrero – Muchas gracias, Papá – Devoción Matutina para Adultos 2021

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

Abba” es una expresión aramea usada para indicar una estrecha relación entre el padre terrenal y sus hijos, que implica cariño e intimidad. Literalmente, significa “papa” o “papito” Luego, por extensión, “Abba” comenzó a usarse entre los cristianos para dirigirse a nuestro Padre que está en los cielos. El primero en aplicarla a Dios fue Jesús mismo, cuando dijo: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Mar. 14:36). Pablo la empleó en las cartas a los Romanos y a los Gálatas, para demostrar que somos hechos hijos de Dios gracias al sacrificio de Cristo.

Lo que posibilita ese grado de intimidad es la obra del Espíritu, que nos guía, y nos adopta como hijos. Así, Pablo contrasta la servidumbre o la esclavitud con la libertad del hijo de Dios. Es decir, el Espíritu que nos guía nos asegura que somos aceptados como hijos. No somos esclavos, sino hijos. Es la aceptación de esta adopción lo que genera afecto, confianza, gratitud, compromiso, al punto de decir “Abba Padre”.

Adoptar es recibir y tratar a un extraño como a nuestro propio hijo, y Pablo aplica el término a los cristianos porque Cristo los trata de esa manera, aunque por naturaleza eran extraños y enemigos.

En términos jurídicos, se entiende como adopción el acto por el cual se establece un vínculo de parentesco entre una o más personas en una relación de maternidad o paternidad. En sus orígenes, en la adopción romana existía lo que denominaban adoptio plenay, que incluía la cesión de la patria potestad, y adoptio minus plena, que establecía un vínculo entre adoptante y adoptado, pudiendo o no generar derechos, es decir, no eran obligatorios.

Un niño estaba siendo hostigado por sus compañeros de clase por ser adoptado. Sin embargo, él no se sentía inferior o discriminado por eso. Así que, les preguntó: “Ustedes ¿no son adoptados? ¡Qué pena, no se preocupen, alguien los va a adoptar!” Era tal el privilegio que sentía que su autoestima estaba alta, se sentía valorado, querido, tenía sentido de pertenencia, un nombre, una familia, una educación, un presente, un futuro y una herencia.

Fue el amor lo que movió a nuestro Padre que está en los cielos a adoptarnos de manera plena con todos los derechos presentes y eternos. Y es el amor lo que debe llevarnos a decir en palabras y en una vida consecuente: “Abba, Padre… Muchas gracias, papá”.

Radio Adventista

View all contributions by