Martes 22 de Septiembre – CARLOS SANDBURG – Devocional para Jovenes

Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor. Romanos 6:23.

¡Oigan, muchachos! ¡Ya cállense! ¡Estoy tratando de dormir! -gritó una voz desde la oscuridad.

-¡Es un país libre! -respondió uno de los más “gallitos”-. Podemos hacer el ruido que queramos.

-¡O se callan, o llamaré a la policía!

Los muchachos dejaron de jugar y se sentaron en la hierba del lote baldío.

-¿Hablará realmente en serio? -preguntó uno de ellos.

-¿A quién le Importa eso? -respondió despectivamente el bravuconcito.

-A mí me importa -respondió Carlos Sandburg-, No creo que un paseo en la camioneta de la policía hasta la jefatura resulte divertido.

Los jóvenes se tranquilizaron por un tiempo, evitando ruidos excesivos durante noches consecutivas. Sin embargo, una noche se oyeron nuevamente los gritos y el escándalo a una cuadra de distancia. Esta vez, no hubo una voz que les advirtiera desde la oscuridad. Simplemente, vieron aparecer una patrulla de la policía que se estacionó junto al lote.

Frank Peterson, un oficial corpulento de unos cien kilos, se bajó del vehículo y se acercó a los muchachos alborotadores, entre los cuales estaba Carlos Sandburg. Sonrió y les habló en tono amigable.

-Oigan, muchachos, ¿acaso no saben que algunos tienen ganas de dormir?

-Oh, solo tratábamos de pasarla bien.

-Ya lo sé -respondió Peterson-, pero ¿no habrá otra manera de pasarla bien sin tener que molestar al vecindario?

-Trataremos… -dijeron los muchachos.

-Muy bien -dijo el oficial Peterson-, Que conste que es una promesa y espero que no la quebranten. Si así fuera, tendré que arrestarlos a todos, ya que es contra la ley molestar a los demás.

Carlos y sus amigos habían quebrantado una ley de la comunidad. Las consecuencias pudieron haber significado pasar una noche en la cárcel. Sin embargo, el oficial Peterson los perdonó y les dio otra oportunidad.

Tú y yo somos culpables de haber quebrantado la Ley de Dios. La falta merece la muerte eterna. Pero, en su Infinito amor, Jesús cargó con el castigo; nos perdonó y nos dio otra oportunidad.

Radio Adventista

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