Martes 17 de Enero – Miedo entre hermanos – Devocional para Damas

Jacob sintió mucho miedo. En su angustia, dividió en dos campamentos a la gente que vino con él, lo mismo que a las ovejas, las vacas y los camellos. Génesis 32:7, RVC.

Jacob debe enfrentarse a su hermano. La última vez que se habían visto, Esaú lo había amenazado de muerte. La separación de veinte años no había menguado su miedo. Su madre Rebeca no lo había mandado llamar para dejarle saber que Esaú se había calmado (Génesis 27:45). Luego llegó el alarmante informe de que su hermano vino a su encuentro con cuatrocientos hombres armados. Aunque consciente de la compañía de los ángeles (Génesis 32:1), Jacob se llenó de angustia y pudo dividir el grupo.

¿Cómo te sentirías si supieras que estás por encontrarte con aquella persona a la que ha engañado, a quien le ha quitado su más preciada posesión? ¿Ha confesado una infidelidad o engaño después de muchos años? Cuando piensas en alguien que te desea el mal y podría cumplir sus amenazas, ¿cuáles son tus reacciones físicas, emocionales y espirituales? Cuando te angustias, ¿cuáles son tus pensamientos, sentimientos y acciones? Esta era la angustia de Jacob.

La angustia, la desesperación y la preocupación son familiares cercanos; son hijas mayores del miedo. La angustia es un sentimiento limitante para realizar acciones correctas. La preocupación es un sentimiento ineficaz previo a la ocupación. La desesperación produce pensamientos de impotencia que se definitivamente en sentimientos de terror de que se avecina algo amenazante. El miedo impide pensar con claridad; la víctima manifiesta sudoración fría, visión nublada, temblor de las piernas o todo el cuerpo, taquicardia, respiración entrecortada, palidez de rostro, temblor de los músculos de la cara y voz entrecortada. Esa fue la angustia de Jacob la noche anterior al enfrentamiento con su hermano Esaú. Debía tomar la decisión de enfrentarlo o huir, correr frenéticamente o hacer una pausa para orar.

Su terror le impidió pensar en la compañía angelical y la promesa del pacto hecho por Dios mismo. En estos períodos de temor el enemigo se aprovecha para hacernos sentir débiles, sin valor y sin esperanza. Gracias el tiempo de angustia no dura por siempre. Jacob confió en Dios sus miedos y pidió la protección divina. Cualquiera sea tu angustia hoy, antes de correr haz una pausa para orar. Quien no defraudó a Jacob tampoco te desamparará a ti. Lucha como Jacob y dile a Dios: No te soltaré hasta que me bendigas (Génesis 32:26, ​​NVI).

Radio Adventista

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